miércoles, 11 de marzo de 2015

Estudio de Apocalipsis - Capítulo 1 Versículos 3 y 4

Saludos Iniciales


Apocalipsis 1:4-8
4 Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono;
5 y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,
6 y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.
7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.
8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
Aquí Juan nos dice a quien está dirigiendo esta carta, lo cual es importante porque como veremos en los Capítulos 2 y 3 estas 7 iglesias representan el estado de la iglesia durante toda la historia.
Como veremos más adelante, los mismos problemas se han visto en todas las iglesias locales desde el día de Pentecostés.
Estas 7 iglesias de Asia a las que se les escribió se encuentran en lo que actualmente es hoy Turquía.  
¿Quiénes son los siete espíritus que están delante del trono de Dios?
Evidentemente son un tipo del Espíritu Santo.
Veamos el pasaje paralelo en Zacarías.
Zacarías 4:1-10
1 Volvió el ángel que hablaba conmigo, y me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño.
2 Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las lámparas que están encima de él;
3 Y junto a él dos olivos, el uno a la derecha del depósito, y el otro a su izquierda.
4 Proseguí y hablé, diciendo a aquel ángel que hablaba conmigo: ¿Qué es esto, señor mío?
5 Y el ángel que hablaba conmigo respondió y me dijo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: No, señor mío.
6 Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.
7 ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella.
8 Vino palabra de Jehová a mí, diciendo:
9 Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió a vosotros.
10 Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Estos siete son los ojos de Jehová, que recorren toda la tierra.
En los versos 6 y 10 vemos que estos siete ojos (o espíritus) de Jehová son uno solo, el Espíritu Santo.
Más adelante en Apocalipsis vemos la misma referencia:
Apocalipsis 5:6
6 Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.
Apocalipsis 4:5
5 Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
En el versículo 5 podemos ver tres características  de Jesucristo: “…el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra.”
Es el testigo fiel en el sentido que sus palabras son totalmente dignas de confianza.
Es el primogénito de los muertos en el sentido que con su resurrección fue el primero entre muchos hermanos ya que proveyó nueva vida a todos los que creen en él.
Es el soberano de los reyes de la tierra en el sentido de que mientras que los reyes terrenales solo tienen un poder temporal, Jesús por Su resurrección tiene la gloria y domino eterno.
El verso 5 continúa: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre.”
Jesús entregó su vida por amor a nosotros, como dijo en Juan 15:13: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”
Juan 10:17-18
17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
18 Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.
Jesús de voluntad propia dio su vida por nosotros.
Efesios 5:2
2 Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.
Gálatas 2:20
20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Jesús no solo nos amó sino que entregó su vida por nosotros en esa cruz.
Y no solo murió por nosotros sino que nos lavó de nuestros pecados al derramar su sangre en la cruz.
1 Pedro 1:18-19
18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,
19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.

La sangre en la cruz proclama que hemos sido redimidos y que somos libres porque nuestros pecados ya han sido lavados.

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