domingo, 21 de abril de 2019

La Resurrección de Jesús

La Resurrección de Jesús


La verdad más importante del evangelio es la resurrección de Jesús.

El Apóstol Pablo lo dice en 1 Corintios 15:12-19: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.”

La fe en la resurrección de Jesús es la clave para nuestra salvación.

Pero vayamos a la muerte de Jesús para ver esta verdad.

Desde el mismo momento de la creación ya se sabia que Jesús iba a venir a este mundo para morir por nosotros. “Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8)

En Génesis 3:15 vemos la primera referencia de la muerte del Mesías por la humanidad: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”

En Isaías 53: 1-12 se ve claramente la misión de Jesús, morir por los pecadores. Veamos los versos 11 y 12: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.”

Jesús venía al mundo para llevar nuestro pecado y justificarnos ante Dios.

En Daniel 9:24-27 se encuentra la profecía de las 70 semanas. En el verso 26 encontramos una referencia a la muerte de Jesús: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí.”

Ya desde el Antiguo Testamento estaba anunciada la muerte de Jesús por nosotros.

Jesucristo mismo en varios pasajes habló de su misión en la tierra y que su fin era morir por nuestros pecados.

En Juan 3:14-15 Jesús habla de esto: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Aquí Jesús esta haciendo referencia a Números 21:4-9, cuando Moisés tuvo que construir una serpiente de bronce para que se salvase todo aquel que la veía.

Jesús estaba diciendo que el también iba a ser levantado en una cruz para que todo aquel que crea en Él alcance la salvación.

En Juan 16:28 Jesús hizo esta declaración: “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.”

Él Sabía claramente de donde había venido y a donde iba, no tenía la menor duda de cual era su misión.

En Mateo 16:21 Jesús empezó a decirles que el iba a morir y resucitar al tercer día: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”

Esta verdad no les entraba a la cabeza y el tuvo que decírselas varias veces: “Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía” (Mateo 18:31-34).

En realidad, como veremos luego, ellos no entendieron hasta después de la resurrección cuando se presentó ante ellos.

Ya desde el principio de su ministerio Jesús había estado hablando de su muerte y resurrección: “Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho” (Juan 2:19-22). 

Al cabo de los tres años y medio del ministerio público de Jesús, conforme a lo que Jesús le dijo a sus discípulos fue a Jerusalén para morir por nosotros. 

Es significativo que el fue en el tiempo de pascua donde se sacrificaba el cordero por los pecados del pueblo. Recordemos que en Juan 1:29 cuando Juan el Bautista vio a Jesús dijo: “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” 

En Lucas 22:19-20 Jesús le dijo a sus discípulos que Él estaba entregando su cuerpo y su sangre para instaurar el Nuevo Pacto: “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.” 

En Juan 10:17-18 vemos que nadie le quitó la vida a Jesús sino que el la entregó de su propia voluntad por nosotros: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” 

Justo antes de ser entregado por Judas, mientras oraba en el monte de Getsemani, Jesús pudo haber evitado su muerte, pero el decidió entregar su vida por nosotros. “Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mateo 26:39-42). 

Había una copa por la que Jesús tenía que pasar, el debía morir por nosotros. Después de ese pasaje vemos como llegó Judas para traicionarlo y entregarlo a la multitud que venía para apresarlo. Vemos que Jesús fue enjuiciado, golpeado, azotado, humillado y finalmente condenado a morir de la manera más humillante, la muerte de cruz. El propósito de esa muerte era tomar nuestro lugar y pagar el precio de nuestro pecado. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). 

En esa cruz, Jesús se hizo pecado por nosotros, tomó nuestra naturaleza, y murió espiritualmente, como dice en 2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” Como resultado de esto por primera vez en su vida se rompió su comunión con el Padre. Es por eso que en Mateo 27:46 Él gritó: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” 

Ese fue el momento más duro por el que pasó Jesús; algo más grande que los sufrimientos y dolores por los golpes y la crucifixión, el estar alejado de Dios, el morir espiritualmente. 

De ahí a poco es que murió físicamente, como dice el verso 50: “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.” 

Juan nos da más luz acerca de la muerte física de Jesús en Juan 19:31-37: “Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron” (Salmo 34:20, Zacarías 12:10). 

Según la ciencia médica, como escribe Josh Mc Dowell en su libro Evidencias que Exigen un Veredicto, el hecho de que sangre y agua salieran del costado de Jesús al momento que le atravesó la lanza del soldado, significa que su corazón había explotado y que ya había muerto.

¿Qué pasó entre los tres días de su muerte y su resurrección?

En Efesios 4:9-10 dice que Jesús descendió a las partes mas bajas de la tierra: “Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.”

Las partes mas bajas de la tierra son el hades, el gehena y el tártaro.

El hades es el lugar intermedio entre la muerte y la condenación eterna. Antes de la resurrección constaba de dos partes que eran el paraíso (o seno de Abraham) y el abismo, que aún subsiste.

El gehena es el infierno mismo de fuego y azufre, que será estrenado por Satanás, el anticristo y el falso profeta.

Y el tártaro es el lugar donde están los espíritus encadenados que se habla en 2 Pedro 2:4: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio.”

En cuanto a la separación entre el paraíso y el hades, podemos ver esto claramente en la historia de Lázaro y el pobre.

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:19-31).

Ante todo esta historia no es una parábola, ya que las parábolas nunca utilizan nombres propios; esto es un acontecimiento real. Aquí vemos que ambos, el rico y Lázaro mueren y se van al Hades; pero cada uno va a un lugar diferente, Lázaro va al Paraíso y el rico se va al abismo.

Esta era la situación anterior a la resurrección de Jesús; estaba el tártaro donde estaban los espíritus encadenados y el hades que constaba de dos partes.

En 2 Pedro 3:19-20 vemos que Jesús descendió al tártaro y le predicó a los espíritus encarcelados: “En el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.”

Vemos que también descendió al abismo, pues en Colosenses 2:14-15 dice: “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.”

Y también estuvo en el paraíso, pues en Efesios 4:8 dice: “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.”

¿Qué era la cautividad? Eran los santos del Antiguo Testamento que esperaban en el seno de Abraham la venida del Mesías.

Es interesante ver que en Lucas 16 el paraíso se encontraba en el Hades pero en 1 Corintios 12:2-4 se encuentra en el tercer cielo: “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.”

En Colosenses 2:15 cuando dice que exhibió públicamente a los principados y potestades, nos da la idea de un desfile triunfal, que era el que daban los ejércitos romanos, cuando volvían a Roma después de conquistar una ciudad. Jesús también llegó al Cielo con un desfile triunfal llevando a los santos cautivos del Antiguo Testamento al Cielo.

En Efesios 1: 19-21 nos dice lo que pasó ese día: “y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero.”

Dios mismo sacó a Jesús de la muerte y lo hizo resucitar al tercer día.

Dios mismo sacó a Jesús de la muerte y lo hizo resucitar al tercer día.

Veamos la escena de la resurrección: “Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron” (Marcos 16:1-6).

La tumba esta vacía, ¡Jesús ha resucitado!

En Hechos 1:1-3, Lucas nos dice que Jesús resucitó y se le presento a varias personas: “En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.”

En 1 Corintios 15:3-8 Pablo nos da una lista de personas a las que se les presento Jesús después de su resurrección: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”

Pablo dice que más de 500 personas vieron a Jesús resucitado, pero no solo eso, sino que muchos de los que lo vieron aún vivían y podían dar testimonio de su resurrección.

Con su resurrección Jesús demostró que era el Hijo de Dios que vino para salvarnos de nuestros pecados.

La resurrección es la base de nuestra fe


viernes, 19 de abril de 2019

Evidencias de la Resurrección de Jesús (Mark Shea)

El autor de este articulo (Mark Shea) refuta de manera mordaz e inteligente todas las falsas teorías acerca de que Jesús no resucitó. Tales como la alucinación colectiva, el robo del cadáver, que Jesús era en realidad un espíritu entre otras.

Evidencias de la Resurrección de Jesús (Por Mark Shea)


"Jesús vino a darnos una guía moral, y para demostrar que hablaba en serio, se dejó matar y se dejó ver después de muerto, para que le escuchásemos y fuésemos buenos".

No habiendo sido educado en ninguna religión particular, tardé mucho en descubrir que esta visión de la muerte de Jesús y su Resurrección (que conocí por mi abuela) tenía más en común con la película de ciencia ficción Ultimátum a la Tierra (de 1951, en Hispanoamérica se tituló El Día que Paralizaron la Tierra) que con la fe histórica de cristianismo. Pero esta visión de Jesús como si fuese el extraterrestre Klaatu, impresionando a los patanes con trucos espiritualistas para que escuchen su predicación, no es sino una de las muchas visiones "alternativas" de la resurrección de Cristo. En esta visión no es especialmente importante si Jesús resucitó corporalmente, con tal de que sus discípulos supiesen que Él estaba "realmente vivo", como un fantasma particularmente impresionante.

Para otros, no es importante si Jesús está vivo, aunque sea como un fantasma, con tal de que "viva en los corazones de sus paisanos". Ésta es más o menos la posición de supuestos "teólogos cristianos" como John Dominic Crossan, que alegremente relata estas simpáticas noticias en Jesus: A Revolutionary Biography (1994).

Lo que le pasó real e históricamente al cuerpo de Jesús se puede juzgar mejor observando como posteriormente los cristianos lenta pero firmemente aumentaron la dignidad reverencial de sus lugares funerarios. ¿Pero qué había en el principio que requiriese un volumen tan intenso de insistencia apologética?

Jesús, comida para perros

Si los romanos no observaron el decreto del Deuteronomio, el cuerpo de Jesús se habría dejado en la cruz, para las bestias salvajes. Y sus seguidores, que habían huido, lo sabrían. Si los romanos observaron el decreto, los soldados se habrían asegurado de que Jesús estuviera muerto y ellos mismos lo habrían enterrado como parte de su trabajo. En cualquiera de los dos casos -su cuerpo abandonado en la cruz o en una tumba superficial apenas cubierta de polvo y piedras- le esperaban los perros. Y sus seguidores, que habían huido, demasiado bien lo sabían. Observemos, entonces, cómo el horror de esa verdad brutal se sublima en su contrario mediante la esperanza y la imaginación.

Dicho de otra forma: el cadáver de Jesús era comida para perros desde hacía mucho tiempo, pero puesto que los apóstoles eran muy buenos en psicosis religiosas y en hacer limonada sin limones, podemos decir que la Resurrección está llena de "esperanza" en un sentido que solamente pueden entender teólogos sumamente avanzados como Crossan.

Hay otros que resuelven el problema de la Resurrección no dejando que Jesús muera. En esta visión, otra persona es crucificada en Viernes Santo (alguien que realmente lo mereciese, como Judas Iscariote), mientras Jesús se va a una jubilación bien ganada en algún sitio. Dependiendo de qué leyenda o Libro Impactante elijamos (por ejemplo, Holy Blood, Holy Grail, de Michael Baigent) ese "algún sitio" puede estar en cualquier lugar desde Japón a Francia. A menudo los escenarios del tipo "Jesús no murió" ofrecen finales de flores y corazoncitos, de los que gustan en Hollywood, en los que el Hijo del Hombre, jubilado, finalmente se lleva a su chica, como Clark Kent en Superman II, y ya no tiene que seguir su ingrata tarea de proclamar verdades. Por lo general, se le envía a algún viñedo con María Magdalena, para fundar una dinastía de Merovingios o algo similar. En lugar de ahorrarle del todo la crucifixión, algunas variantes admiten que fue crucificado pero insisten en que sólo se desmayó (posiblemente con la ayuda de un poco de vino drogado) y recobró la conciencia más tarde. Pero la reclamación central de todas estas variantes es que Jesús realmente no murió en la Cruz.

¿Un Jesús ilusorio o un cadáver robado?

Otros, a menudo involucrados en el movimiento de la Nueva Era, solucionan el problema diciendo que Jesús sólo era un espíritu (divino o angélico, dependiendo de la preferencia del autor) que parecía ser un hombre, como una especie de visión sagrada. Esto resuelve el problema de Su muerte haciendo de ella una ilusión: una limpia disposición de una crucifixión fastidiosa que preserva el final feliz. Mientras tanto, otros tienen explicaciones mucho más sencillas y más crudas: los discípulos robaron el cadáver, mintieron y fundaron un culto para su propia ganancia egoísta y por poder.

Un poco más amable que ésta es la Teoría de Alucinación Histérica, que dice que los bienintencionados apóstoles "alucinaron" la Resurrección.

Otros dicen que fue una generación posterior de cristianos la que añadió la Resurrección al Nuevo Testamento. Originalmente, era sólo una colección de memorias apostólicas sobre el Difunto Maestro y sus ingeniosas enseñanzas. Muchos creen que San Pablo está detrás de todo (véase, por ejemplo, Mythmaker: Paul and the Invention of Christianity, de Hyam Maccoby). Bajo la influencia del mito pagano, San Pablo supuestamente transformó a aquel rabino judío corriente en una figura del Cristo Cósmico. Los apóstoles originales, según esta escuela, estarían horrorizados por lo que Pablo le hizo a las enseñanzas del gentil e ingenioso Yeshuá.

Las teorías alternativas no encajan entre ellas

Una de las dificultades obvias de todas estas teorías es que no encajan bien entre ellas. Si tenemos que echarle la culpa a las generaciones posteriores de importar mitos sobre la Resurrección, no podemos culpar a las primeras. Si todo es culpa de Pablo, entonces no es de Pedro. Si los Once son ladrones de cadáveres, entonces no son alucinadores bienintencionados, y viceversa. Tales teorías demuestran lo que C.S. Lewis denominaba "la incansable fertilidad del desconcierto", y mucho más cuando sus adherentes intentan obviar la montaña de evidencias sólidas que apoyan la verdad de la propuesta cristiana. No es de extrañar, ya que estas "explicaciones alternativas" son todas mucho más difíciles de creer que la explicación cristiana de la Resurrección, que es bien resumida por San Pablo en 1 Corintios 15:1-14:

"Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué... Si no, ¡habríais creído en vano! Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo.

Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. Pues bien, tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe."

Éste, el primer resumen del Credo de la Fe, da base a mi primera e ignorante noción del significado y la naturaleza de la Resurrección. Ya que demuestra claramente que el alma y el corazón real de la enseñanza del Nuevo Testamento sobre Jesús no es que fuese un predicador, taumaturgo, reformador, sabio o transmisor de profundas verdades y buenas ocurrencias, y muestra que la Resurrección no eran unos efectos especiales para impresionarnos y animarnos a seguir sus buenos consejos.

Sin Resurrección, no hay Evangelio

El primer hecho del Evangelio cristiano, según el Nuevo Testamento, es la Pasión y Resurrección de Cristo. Sin la Resurrección, no tienes un Evangelio "original" de dichos ingeniosos, prudentes consejos y ejemplos modernos. Simplemente, te quedas sin Evangelio. Esa es la razón por la que cada uno de los Evangelios dedica una cuarta parte a un periodo de 72 horas en la vida de Jesús de Nazaret: Su Pasión y Resurrección.

Por eso el resto del Nuevo Testamento está concentrado, de forma abrumadora, en el significado de esa muerte y de la Resurrección, no en Sus gestos o dichos (casi ninguno de los cuales se preservan fuera de los Evangelios). Es por eso por lo que hoy prácticamente nadie, excepto los presentadores de televisión más ignorantes, mantienen la antaño popular idea de que la Resurrección fue añadida al Nuevo Testamento por generaciones tardías de cristianos tras la muerte de los apóstoles.

El hecho es que intentar explicar algo del Nuevo Testamento sin poner la Resurrección en el centro es como decir que la verdad sobre Abraham Lincoln consiste en tópicos sobre la paz y la justicia y que eso de la "guerra civil" fue sólo un mito inventado por hagiógrafos posteriores que no forma parte de la historia original. Si el "Evangelio original" era sólo una colección de cuentos sobre Jesús que iban diciendo "es bueno ser bueno", la pregunta que surge es: ¿qué era exactamente lo que resultaba tan interesante acerca de Él?

La única respuesta se encuentra en los mismos documentos del Nuevo Testamento, que empezaron a componerse en los 20 años que siguieron a la muerte de Jesús. Éstos ya contienen cosas como el credo previamente mencionado y la insistencia en que el Evangelio trata sobre nada más y nada menos que Jesús y la Resurrección (Actas 17:18).

¿San Pablo se inventaba cosas?

Muy bien, no podemos culpar a "generaciones posteriores" por inventarse la historia de la Resurrección. Por lo tanto, dicen algunos, echémosle la culpa a Pablo. El problema de esta teoría es que el mismo Pablo, y los testigos que conocen a Pablo (como Lucas), así como testigos no influenciados por Pablo (como Mateo y Juan) parecen tener la impresión de que el núcleo básico de la historia que cuenta Pablo no es invención de Pablo.

"Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí", o más prosaicamente, "os estoy dando la Tradición que me enseñaron". ¿Que le enseñó y quién? En el caso de Pablo, los apóstoles (Gálatas 1:18-21) y la catequesis primitiva normal, que se impartía en lugares como la Iglesia de Antioquia, donde Pablo vivió muchos años antes de empezar misión alguna (Hechos 13).

Pablo dice este tipo de cosas continuamente y parece que da por hecho no solamente que lo que tiene que decir sobre Jesús es conocimiento común a todos los cristianos (no sólo aquellos que él ha convertido) sino que ninguno de los otros apóstoles que se paseaban por el Mediterráneo -y ninguna de las Iglesias que ellos fundaron- iban a pelearse con Él por decir que Cristo ha resucitado. Si Pablo se hubiese inventado el mito del Cristo Resucitado mientras el resto de los apóstoles vagaban de aquí para allá compartiendo anécdotas sobre Su Amigo el Mártir Nazareno, podríamos pensar que alguien se habría dado cuenta.

En resumen, si la fe en la Resurrección es tan vieja como Pablo, es que es tan viejo como los apóstoles mismos. Él la predica por la misma razón que lo hacen ellos: realmente cree que él vio al Cristo Resucitado, igual que ellos dicen que vieron al Cristo Resucitado.

La invasión de los ladrones de cuerpos

Ah, sí. Dicen que Lo vieron. ¿Pero por qué los deberíamos creer? ¿Y si los Once eran sólo ladrones de cuerpos, robando el cadáver de Cristo para retratarse como los mejores camaradas del mártir y para fundar un culto con Jesús como cabeza putativa siendo ellos el Gran Queso que adorar?

Las dificultades de esta hipótesis son numerosas. En primer lugar, no actúan como ningún líder de culto que conozcamos. Los registros que nos han dejado no describen dinamos de coraje apostólico intrépidas, brillantes, felices, llenas de fe, perspicacia teológica y agilidad intelectual. Nos muestran un grupo de hombres cuya honradez los obligaba a dejar cuidadosamente registrado ante el público el hecho de que eran necios, esnobs, rencorosos, cobardes, partidistas, lentos de reflejos, ambiciosos, ciegos, egoístas y, cuándo llegó la prueba suprema, bastante deseosos de salir corriendo en la hora de la prueba terrible de su Capitán.

Comparemos esto con las exhalaciones adoradoras de la prensa de Corea del Norte acerca de las Incontables Virtudes de los Líderes Intrépidos, o la perfección inmaculada de Stalin según la prensa estalinista de los años treinta, o la hagiografía nazi de Hitler. Los apóstoles se aseguran de que su predicación en público y los registros públicos incluyen una recitación fiel de sus muchos, muchos pecados. Además, continúan predicando la Resurrección durante décadas, a pesar de la separación, persecución, pobreza, amenazas, tortura, y martirio (excepto Juan, que tuvo el placer de ver como ejecutaban a su hermano Santiago por su testimonio). En resumen, hablan y actúan como hombres sinceros, no como hombres que quieren ganar dinero o adquirir poder.

En efecto, tan sinceros son ellos que incluso hacen que Jesús parezca bastante poco divino. A Jesús nos lo presentan mostrando debilidad, miedo, confesando ignorancia y haciendo preguntas. Lo describen como incapaz de hacer ciertas cosas. El registro oficial de los discípulos Le hace decir cosas que suenan como peligrosas negaciones de su divinidad, como ¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno (Marcos 10:18) o "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mateo 27:46).¿Hemos de creer que unos mentirosos astutos que cuidadosamente inventaron toda la historia para hacer aparecer a Jesús como el Señor Resucitado no se dieron cuenta de estos detalles perturbadores en su historia?

No. Lo que aparece con fuerza tremenda en el Nuevo Testamento es que el testimonio lo han dado personas que dicen la verdad, incluso acerca de hechos incómodos, que no favorecen inmediatamente sus tesis. Parece gente que auténticamente cree que Cristo ha resucitado, no personas que mienten sobre un cuerpo que saben perfectamente bien que fue robado o comido por los perros. Durante el resto de sus vidas (a través de la tortura y la ejecución), los apóstoles se comportaron como hombres completamente convencidos de que se habían encontrado al Cristo Resucitado.

¿Testigos inventados?

En efecto, están tan convencidos que incluyen numerosos detalles que, francamente, ningún mentiroso inventaría. Así, por ejemplo, ningún mentiroso judío del primer siglo llamaría como su primer testigo a María Magdalena. Porque la Magdalena era un testigo sin credibilidad por dos razones para una audiencia judía del primer siglo. Primero, porque era una mujer; segundo, porque era una mujer de la que se suponía que le habían expulsado 7 demonios… lo que marca un perfil psicológico más bien turbio (Marcos 16:9). Los Evangelios se leen como registros de personas honradas impactadas por los hechos, incluyendo el hecho de que una de las primeras testigos de la Resurrección fuese una mujer de reputación incierta.

Por supuesto, algunos replicarán que esto demuestra demasiado y que normalmente no prestaríamos atención al testimonio de un sicótico (esto es, "demoníaco"), así que ¿por qué molestarnos con María?

Porque María está entre los primeros testigos, no los últimos. Los registros señalan a cientos de testigos -la mayoría aún vivos en los tiempos en que se escribió 1 Corintios- y dan un testimonio de la Resurrección que es, en general, coherente.

Una aparición a las mujeres, a los Doce en diversos momentos dentro y alrededor de Jerusalén, y a otros más en Galilea, seguida de una aparición a Pablo algunos años después (sin contar varios fenómenos de visiones, que son de un orden diferente). Los quisquillosos son aficionados a hablar de las discrepancias entre los Evangelios (libros escritos con décadas de diferencia para audiencias diferentes y con distintos propósitos teológicos). Pero lo que realmente destaca es qué parecida es la historia en todos ellos. Si las discrepancias menores que los distinguen realmente significan que son falsos, entonces debemos concluir también que John Fitgerald Kennedy nunca fue asesinado, dadas las numerosas discrepancias en los testimonios de los testigos.

En efecto, son a menudo los detalles los que resultan más persuasivos. De esta forma, otra cosa que nadie haría nunca es inventarse el lugar del entierro de Cristo: la tumba de José de Arimatea, un miembro del Sanedrín. Es exactamente el tipo de detalle que da a los Evangelios el aroma de la realidad. Si uno se inventa la historia, pondrá el cuerpo en la tumba de algún discípulo devoto, no en el sitio de descanso final de un miembro del organismo dominador al que oponemos lo más amargo del mensaje.

La tumba vacía, ¿no sería otra tumba?

La mención de la tumba conduce a algunos a otra de las teorías favoritas: concretamente, que los discípulos fueron a la tumba equivocada y llegaron a la conclusión de que Cristo había resucitado. Uno no puede sino preguntarse ¿de qué creen estos teóricos que está hecha la gente?

Que los apóstoles concluyan que Jesús es el Señor Resucitado y glorioso de todo lo creado, en base a una tal pifia, requeriría una estupidez sobrenatural no solamente por su parte sino por parte de las autoridades de Jerusalén. Aunque toda la Iglesia primitiva fuese tan obtusa que no pudiese encontrar el lugar de reposo final del Hombre que era el foco de su devoción, seguro que alguien en la élite de Jerusalén opuesta a la secta creciente de los nazarenos podría haber dicho: "Esto…, ¿chicos? Aquí está el cadáver. Estabais mirando en el lugar equivocado. La próxima vez preguntad para no perderos." José de Arimatea podría haber sido de ayuda aquí. Y también las mujeres, que vieron dónde se Le ponía. Una teoría así resulta el doble de tonta cuando tenemos en cuenta la fascinación de la Iglesia primitiva con las reliquias y las tumbas. Las primeras liturgias tendían a celebrarse en lugares funerarios, y sin embargo no hay culto en torno a la tumba más importante de todas. ¿Por qué? Es como si la tumba estuviese vacía o algo así…

"Jesús no murió, sólo quedó malherido y escapó"

Lo que nos lleva, en nuestra taxonomía de alternativas a la Resurrección, a las diversas teorías de "escapatoria de la muerte - desmayo", la idea de que Jesús de algún modo evitó la muerte, bien abandonando la ciudad y dejando un pelele que ocupase Su lugar, o soportando la crucifixión y escapándose de la tumba. Es difícil decir qué versión de esta teoría es más ridícula. Si hay un hecho histórico que no ha sido discutido ni siquiera por los historiadores más ateos, es el hecho de Su muerte. Aunque no supiésemos nada más sobre Él, sabríamos al menos que murió crucificado fuera de los muros de Jerusalén alrededor del 30 d. C.

Y aun así algunos insisten en que no murió. Como una especie de Elvis del siglo I, asumió una jubilación repentina y misteriosa, en contradicción aguda con todo lo que había dicho y hecho antes, para fundar una dinastía o estudiar filosofía o algo así en una tierra remota. ¿Cuáles son las pruebas de esto? Bien, en realidad no hay ninguna, sólo indicios, suposiciones, y "qué-pasaría-si"… Se parece bastante al pensamiento que subyace detrás de los libros de Von Daniken, Los Carros de los Dioses, sobre el origen extraterrestre de la raza humana. Es un caso de teoría en busca de pruebas, no de pruebas que dan lugar a una teoría.

Mientras tanto, la gente que estaba allí da testimonio, no de que Jesús dejase la ciudad justo después de la Última Cena (una cena en la cual específicamente predijo Su Pasión con una exactitud extraña que reduciría a Pedro a lágrimas cuando se cumplió) sino que Jesús se dirigió hacia la traición, el juicio y la crucifixión. Y de nuevo, ¿para qué los fundadores del nuevo culto se habrían inventado esta profecía y su embarazoso cumplimiento? En efecto, testigos oculares como Juan vieron a Jesús tanto en el juicio como en la crucifixión. Así que no hay muchas formas de que Jesús escapase de la ciudad dejando a alguien que cargase con el fardo.

¡Ah! Pero es que Juan sólo creyó que veía morir a Jesús. En realidad el Nazareno recibió un vino drogado: se desmayó luego y despertó en una tumba, fría como un congelador, en una fresca mañana de abril. ¡El escenario perfecto para recuperarse drásticamente de los azotes, la crucifixión, la pérdida masiva de sangre, el impacto y una herida de lanza en el corazón, como recomiendan nueve de cada diez doctores! Entonces salió tambaleándose (después de librarse de algún modo de las vendas selladas a Su carne rota) y empujando la piedra de un montón de toneladas que sellaba la tumba, se fue a donde los discípulos cojeando con Sus pies ensangrentados, les enseñó Sus manos (completas con pulgares permanentemente inmóviles debido a un daño nervioso irreparable), y jadeó una especie de saludo entre puñaladas de dolor espantoso por la herida de lanza.

La mayor parte de la gente, enfrentada con un espectáculo tan horroroso, marcaría el 911. Los discípulos, en cambio, lo saludaron como el Conquistador Glorioso de la Muerte y Señor del Universo y fundaron una religión.

La teoría de las alucinaciones masivas tangibles que comen pescado

"Vale, de acuerdo", dice el escéptico inasequible al desaliento, "Jesús murió. Y los discípulos no robaron el cuerpo y no mintieron. Simplemente alucinaron. Juntos. Los quinientos. Durante 40 días. No, si realmente..."

Incluso dejando a un lado el molesto tema de la tumba vacía (con los ropajes funerarios vacíos en su interior) queda aún un problema acerca de la naturaleza de las alucinaciones. La alucinación de masas es sumamente rara. Tan rara, de hecho, que se invoca normalmente sólo para explicar cosas como, ¡vaya!, la Resurrección. El resto del tiempo, cuando 500 personas dicen que vieron a alguien y hablaron con él, los creemos, especialmente cuando no tienen nada que ganar con ello… o cuando por decirlo se les condena rutinariamente a muerte.

Y tenemos otros problemas que tratar si queremos considerar la Teoría de la Alucinación Masiva. Ante todo, está el hecho curioso de que se supone que alucinaciones como esta son el resultado de fantasías que intensamente se desean ver cumplidas. Los testigos probablemente querían que Jesús estuviera vivo con tanta fuerza que se autoengañaron y pensaron que Lo veían. Sin embargo, sus discípulos no supieron reconocerlo en al menos tres ocasiones. Se nos dice que estaban tan desesperados por verlo que se autoengañaron para verlo, pero al mismo tiempo vemos que caminaron con Él medio día y no se dieron cuenta. Extraño. Y más aún, ¿qué alucinación se puede tocar y come pescado?

El Jesús-ilusión de los neognósticos

Ello nos lleva a la escuela de pensamiento gnóstico o New Age de Jesús-como-ilusión-divina. Pero si el Cristo Resucitado fue realmente una ilusión puramente espiritual enviada por la Divinidad para enseñarnos elevadas verdades sobre la insignificancia del cuerpo y la necesidad de superar nuestra humanidad, ¿existe algo que oscurezca más esta enseñanza que un cuerpo que Tomás podía tocar, un cuerpo que respira aire y come pescado? De todas formas, no parece que los apóstoles se hayan quedado con esas verdades superiores. Por el contrario, enseñan que Cristo Resucitado ha resucitado corporalmente, y que no sólo es completamente Dios sino también completamente humano, aunque glorificado.

Un cuerpo resucitado. Glorificado. Completamente Dios y completamente hombre. Cuando las alternativas se han consumido todas en una estéril demanda de nuestra atención, es la vieja historia cristiana lo que nos persuade. Es la historia del Conquistador de la Muerte que ha sufrido el aguijón de la muerte y ha elevado nuestra naturaleza humana sacándola del sepulcro para que también nosotros seamos resucitados. Lo puedes leer todo en el Nuevo testamento, sin explicaciones alternativas. Un libro de lo más convincente, especialmente cuando tantos escépticos nos llevan a murmurar "¡casi me persuades de hacerme cristiano!".

La Resurrección es la piedra angular objetiva de la fe cristiana. Sin ella, no tienes un Evangelio purificado de superstición. Lo que tienes es una basura de conclusiones "reales" de renta baja para la historia de Cristo que son mucho más difíciles de comprar que la explicación cristiana. Al final del día, lo que permanece es que "si Cristo no ha resucitado, vano es entonces que prediquemos, y en vano es nuestra fe" y "de todos los hombres, somos los más dignos de lástima" (1 Corintios 15:14, 19). Pero eso nunca pareció preocupar a Pablo, ya que "la verdad es que Cristo ha sido resucitado de entre los muertos, la primicia de entre los que duermen". (1 Corintios 15:20).

jueves, 18 de abril de 2019

LA CRUCIFIXIÓN DESDE EL PUNTO DE VISTA MÉDICO

Muchas veces cuando leemos de la crucifixión hay detalles del relato bíblico que no nos damos cuenta debido a nuestra falta de conocimiento médico. Pero veamos lo que nos dice un doctor al estudiar la evidencia bíblica.



LA CRUCIFIXIÓN DESDE EL PUNTO DE VISTA MEDICO

(Dr. C. Truman Davis)

Hace algunos años me interese en los aspectos físicos de la pasión o sufrimiento de Jesucristo cuando leí un relato de la crucifixión en el libro de Jim Bishop "El día en que murió Cristo".

De pronto comprendí que había tomado la crucifixión mas o menos por sentado todos estos años -que me había endurecido al horror, al familiarizarme muy livianamente con los tétricos detalles.

Finalmente se me ocurrió que como medico, ni siquiera sabia en verdad la causa inmediata de la muerte de Cristo.

Los escritores del evangelio no son de mucha ayuda en este sentido.

Como la crucifixión y los azotes eran tan comunes en los tiempos en que ellos vivían, sin duda consideraban que una descripción detallada era innecesaria.

Por ese motivo solo tenemos las breves palabras de los evangelistas.

"Pilatos...entrego a Jesús después de azotarle, para que fuese crucificado." (Marcos 15:15)

A pesar del silencio del relato del evangelio sobre los detalles de la crucifixión de Cristo, muchos han examinado este tema en el pasado.

En mi estudio personal del hecho desde el punto de vista medico, estoy en deuda especialmente con el Dr. Pierre Barbet, cirujano francés que hizo investigaciones históricas y experimentales y escribió extensamente sobre el tema.

El intento de examinar el infinito sufrimiento físico y espiritual del Hijo de Dios encarnado al efectuar la redención por los pecados del hombre caído, esta mas allá del alcance de este articulo.

Sin embargo, los aspectos fisiológicos y anatómicos de la pasión del Señor se pueden examinar con cierto detalle.

¿Que fue lo que el cuerpo de Jesús de Nazaret en verdad soporto durante esas horas de tortura ?

EL MÉTODO DE LA CRUCIFIXIÓN

Aparentemente el primer uso que se conoce de la crucifixión fue entre los persas. Alejandro y sus generales introdujeron la practica al mundo mediterráneo, a Egipto y a Cartago. Los romanos evidentemente aprendieron la técnica de los cartaginenses y, como ocurrió con casi todo lo que los romanos hicieron, rápidamente desarrollaron un alto grado de eficiencia y habilidad en ejecutarlo.

En la literatura antigua se describen varias innovaciones y modificaciones. Solo unas pocas tienen alguna importancia aquí. La porción vertical de la cruz, o "stipes", podía tener el travesaño o "patíbulo" colocado dos o tres pies debajo de la parte superior . Esta es la que consideramos hoy como el formato típico de la cruz, llamada cruz latina.

La forma común usada en tiempos de Jesús era la cruz "tau", con forma de "T". En esta cruz el patíbulo se ubicaba en una ranura en lo alto del madero vertical. Hay excelente evidencia arqueológica de que fue en este tipo de cruz que crucificaron a Jesús.

El madero vertical generalmente permanecía enterrado en el lugar de ejecución. El condenado era obligado a cargar el patíbulo, que aparentemente pesaba 50 Kg., desde la prisión hasta el lugar de ejecución. Sin tener ninguna prueba histórica o bíblica, sin embargo, los pintores del medioevo y del renacimiento nos han dado una imagen de Cristo cargando toda la cruz. Muchos pintores y escultores de crucifijos también cometen el error de mostrar los clavos atravesándole las palmas de las manos.

Los relatos históricos de los romanos y el trabajo experimental han demostrado que los clavos eran clavados entre los pequeños huesos de las muñecas. Los clavos a través de la palma de la mano cortarían y se safarian entre los dedos, al sostener el peso de un cuerpo humano. Esta mala interpretación pudo haber venido de un error de comprensión en las palabras de Jesús a Tomas: "Mira mis manos".

Los anatomistas antiguos y modernos, sin embargo, siempre han considerado que la muñeca es parte de la mano.

GETSEMANI

De los diversos aspectos del sufrimiento inicial, el que es de particular interés fisiológico es el sudor de sangre. Es interesante notar que el medico -San Lucas- es el único evangelista que menciona este acontecimiento. Dice: "Y estando en agonía, oraba mas intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caian hasta la tierra." (22:44)

Aunque es muy raro, el fenómeno de la hematidrosis o sudor de sangre, esta bien documentado.

Bajo una gran tensión emocional los frágiles capilares de las glándulas sudoríparas se rompen mezclándose así el sudor con la sangre. Este proceso de por si podría haber producido marcada debilidad y posiblemente una conmoción.

Aunque la traición y arresto de Jesús son porciones importantes de la historia de la pasión, el próximo suceso en la narración, que es significativo desde una perspectiva medica es su juicio ante el sanedrín y Caifas, el Sumo Sacerdote. aquí se le infligió el primer trauma físico: un soldado le propino una bofetada por permanecer en silencio cuando Caifas lo interrogaba.

Después, los guardias del palacio le colocaron una venda en los ojos y burlonamente lo provocaron con palabras groseras a que los identificara al pasar cada uno delante de el, lo escupieron y le dieron golpes en el rostro.

ANTE PILATO

Temprano por la mañana, magullado y amoratado, deshidratado y exhausto por una noche en vela, llevaron a Jesús de un lado al otro de Jerusalén, al pretorio, que estaba en el fuerte Antonia -el asiento del gobierno del Procurador de Judea- Poncio Pilato.

Estamos familiarizados con la decisión de Pilato de tratar de pasarle la responsabilidad a Herodes Antipas, el Tetrarca de Judea. Aparentemente Jesús no sufrió ningún maltrato físico a manos de Herodes y fue devuelto a Pilato, quien, en respuesta al clamor de la plebe, da la orden de que Barrabas fuera soltado y condeno a Jesús a ser azotado y crucificado.

Los judíos tenían una antigua ley que prohibía mas de 40 azotes. Los fariseos, que siempre se aseguraban que la ley fuese estrictamente observada, insistían en que se administraran solo 39 azotes; en la eventualidad de un error en recuento, se aseguraban permanecer dentro de la ley.

El prisionero era despojado de sus ropas y sus manos atadas a un poste por encima de la cabeza. El legionario romano se adelantaba con el "flagelo" en su mano. Este era un látigo corto con varias lonjas de cuero con dos bolitas de plomo cerca del final cada una. El pesado látigo se descargo con toda la fuerza una y otra vez sobre los hombros, espalda y piernas de Jesús.

Al principio las lonjas con peso adicional solo le cortaban la piel.

Luego, al continuar los golpes, cortaban mas profundamente dentro del tejido subcutáneo, produciendo primero una herida sangrante de los capilares y venas de la piel y finalmente la sangre brotaba abundantemente de arterias de las capas musculares más profundas.

Las bolitas de plomo primero le produjeron grandes y profundos hematomas o marcas que cos los siguientes azotes se abrieron.

Finalmente la piel de la espalda colgaba en largas lonjas y toda el área era una masa irreconocible de tejido desgarrado que sangraba.

Cuando el centurión que estaba a cargo determinaba que el prisionero estaba casi muerto, detenía los azotes.

BURLA

El desfalleciente Jesús fue luego desatado y dejado caer como un fardo en el empedrado mojado con su propia sangre. Los soldados vieron a este judío provinciano que pretendía ser rey como un hazmerreír.

Le arrojaron un manto sobre los hombros y le pusieron una vara en la mano por cetro. Aun necesitaban una corona para hacer su parodia completa.

Utilizaron ramitas flexibles llenas de largas espinas y las trenzaron formando una tosca corona. La colocaron a presión en su cuero cabelludo y nuevamente sangro abundantemente, cuando las púas perforaron el propio tejido vascular.

Después de burlarse de Él y abofetearle, los soldados le arrebataros la vara de la mano y le golpearon en la cabeza incrustando las púas mas profundamente en su cuero cabelludo.

Finalmente se cansaron de su diversión sadistica y le quitaron con violencia el manto de la espalda.

El manto ya se había adherido a los coágulos de sangre y suero de las heridas y al ser quitado como cuando un vendaje quirúrgico se quita al descuido, le causo un dolor insoportable y las heridas comenzaron a sangrar otra vez.


GÓLGOTA

El pesado patíbulo de la cruz fue atado sobre sus hombros.

La procesión del condenado Cristo, dos malhechores y el piquete de ejecución de soldados romanos encabezados por un centurión comenzó su lenta marcha por la ruta que hoy conocemos como "La Vía Dolorosa".

A pesar de los esfuerzos de Jesús para caminar erguido, el peso del madero junto con el espasmo producido por la perdida de sangre era demasiado.

Tropezó y cayo clavándosele el tosco madero en la piel lacerada y músculos del hombro. Trato de levantarse pero los músculos humanos habían sido llevados mas allá de su tolerancia.

El centurión, ansioso de proseguir con la crucifixión, eligió a un fornido africano del norte que miraba -Simón de Cirene- para llevar la cruz.

Jesús lo seguia sangrando aun y transpirando el frió y pegajoso sudor del espasmo.

La marcha de unos 600 metros desde el Fuerte Antonia al Gólgota fue finalmente completada y el prisionero volvió a ser desnudado excepto por el taparrabo que se les permitía a los judíos.

Comenzó la crucifixión: se le ofreció a Jesús vino mezclado con mirra, una suave mezcla analgésica para aliviar el dolor. Rehusó la bebida.

A Simón se le ordeno dejar el patíbulo en el suelo y derribaron a Jesús de espaldas con sus hombros contra la viga.

El legionario le palpo la hendidura por delate de la muñeca y perforo con un pesado clavo cuadrado de hierro forjado la muñeca clavándolo en la madera.

Se paso rápidamente al otro lado y repitió la operación, cuidando de no extender demasiado el brazo permitiéndole cierta flexión y movimiento.

El patíbulo era luego alzado y calzado al tope del madero vertical y el "titulo" donde se leía "Jesús de Nazaret, Rey de los judíos", fue clavado en su lugar.

El pie izquierdo era presionado hacia atrás contra el derecho.

Con ambos pies extendidos con los pies hacia abajo, se clavaba un clavo a través de ambos arcos dejando las rodillas flexionadas moderadamente.

La victima estaba ahora crucificada.

EN LA CRUZ

Cuando Jesús lentamente se deslizo hacia abajo hasta colgar, con el mayor peso depositado en los clavos de las muñecas, un dolor ardiente agudísimo se disparo a lo largo de los dedos y hacia arriba por los brazos hasta explotar en el cerebro.

Los clavos de las muñecas presionaban los nervios medios que son fibras nerviosas troncales que atraviesan el centro de la muñeca y de la mano.

Al empujarse hacia arriba para evitar este tormento por estiramiento, colocaba todo su peso sobre el clavo que atravesaba los pies.

Nuevamente se producía una agonía de dolor ardiente al desgarrar el clavo los nervios entre los huesos metatarsos de los pies.

A este punto se producía otro fenómeno: al fatigarsele los brazos grandes oleadas de calambres le pasaban por los músculos engarrotándolos en profundo dolor punzante que no cedía.

Con estos calambres se producía la incapacidad de impulsarse hacia arriba.

Al colgar de los brazos los músculos pectorales, grandes músculos del pecho, se paralizaban y los músculos intercostales, pequeños músculos entre las costillas, no podían actuar.

Se podía inhalar aire a los pulmones pero no se podía exhalar. Jesús luchaba por elevarse para tener al menos un pequeño respiro.

Finalmente el nivel de dióxido de carbono de los pulmones y del torrente sanguíneo aumentaba y los calambres se atenuaban parcialmente.

En forma espasmódica Jesús podía elevarse hacia arriba para exhalar e inhalar oxigeno vivificante.

Fue sin duda en estas ocasiones que pronuncio las siete breves oraciones que fueron registradas.

La primera mirando a los soldados romanos jugándose su manto de una sola pieza a los dados:

"Padre perdónalos porque no saben lo que hacen"

La segunda al malhechor penitente:

"Hoy estarás conmigo en el paraíso"

La tercera, mirando a Maria su madre dijo:

"Mujer, he ahí tu hijo"

Y luego, vuelto hacia el aterrorizado adolescente Juan, traspasado de dolor-el amado apóstol Juan- dijo:

"He ahí tu madre"

El cuarto clamor es el comienzo del Salmo 22:

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"

Sufrió horas de dolor ilimitado, ciclos de calambre que producían desgarradoras torceduras, asfixia parcial intermitente y dolor ardiente al desgarrársele tejido de su espalda lacerada debido a su movimiento hacia arriba y hacia abajo contra el rugoso madero de la cruz.

Después empezó otra agonía: un dolor profundo como si se le hundiera el pecho, mientras el pericardio -la bolsa que rodea el corazón-, lentamente se llenaba de suero y comenzaba a comprimir el corazón.

La profecía del Salmo 22: 14 se estaba cumpliendo:

"Soy derramado como agua y todos mis huesos están descoyuntados; mi corazón es como cera; se derrite en medio de mis vísceras."

MUERTE

Todos estamos familiarizados con los detalles finales de la ejecución de Jesús. 

Para que no se profanase el sábado, los judíos solicitaron que se diera fin a los condenados y fueran sacados de las cruces. 

El método común de terminar una crucifixión era por "crurifragio" (cruris: piernas y fragere: romper) o sea la fractura de los huesos de las piernas. 

Esto le impedía a la victima empujarse hacia arriba y la tensión de los músculos del pecho no se podía aliviar: la asfixia sobrevenia con rapidez. 

Las piernas de los dos malhechores fueron fracturadas, pero cuando los soldados se acercaron a Jesús vieron que esto era innecesario.

Aparentemente para asegurarse doblemente de que estaba muerto, el legionario le clavo la lanza entre las costillas hacia arriba a través del pericardio llegando al corazón. 

Juan 19: 34 dice: "Inmediatamente brotaron sangre y agua". 

De modo que se produjo un escape del fluido acuoso de la bolsa que rodea el corazón y la sangre del interior del corazón. 

Esta es una evidencia post-mortem bastante concluyente de que Jesús murió, no de la muerte común de crucifixión -por asfixia- sino de falla cardíaca, debido al espasmo y compresión del corazón por el liquido acumulado en el pericardio.

RESURRECCIÓN

En estos hechos hemos dado un vistazo al colmo de la maldad que el hombre puede exhibir contra su prójimo y hacia Dios. 

Esta es una horrible visión y probablemente nos deje desanimados y deprimidos.

Pero la crucifixión no fue el fin de la historia. 

Cuan agradecidos podemos estar de que tenemos una continuidad -un vistazo a la infinita misericordia de Dios para con el hombre- el don de la redención, el milagro de la resurrección y la expectativa de la mañana de Pascua.



viernes, 28 de septiembre de 2018

Testigos de Jehová desnudos secuestran a vecinos para salvarlos del Armagedón

No pude resistirme a compartir esta historia tan ridícula acerca de la gente obsesionada con el fin del mundo.

Testigos de Jehová desnudos secuestran a vecinos para salvarlos del Armagedón

Tras pasar tres días de encierro, los cinco testigos de Jehová decidieron marcharse del sitio para buscar un lugar seguro, sin embargo, por la prisa que tenían para el escape, cuatro de ellos no consiguieron vestirse

Foto: Reuters | Cinco personas fueron detenidas luego de que secuestraran a tres de sus vecinos en noviembre pasado para salvarlos del Armagedón, ocurrieron en Edmonton, en la provincia canadiense de Alberta

Cinco personas fueron detenidas luego de que secuestraran a tres de sus vecinos en noviembre pasado para salvarlos del Armagedón, ocurrieron en Edmonton, en la provincia canadiense de Alberta.

Los hechos iniciaron días antes del secuestro, cuando una mujer llevó a sus dos hijas adolescentes a la casa de su sobrino de 27 años de edad y de su esposa de 30, en la localidad de Leduc.

De acuerdo con informes de las autoridades, las cinco personas, testigos de Jehová, no salieron del hogar por tres días y prácticamente no consumieron alimentos; además se indicó que pensaban que había comenzado la Gran Tribulación, que según la Biblia es un periodo de sufrimiento que anuncia la segunda venida de Cristo.

“Creían estar en peligro, ya fuera por personas malas en la calle o por demonios”, señala el documento.

Tras pasar tres días de encierro, los cinco testigos de Jehová decidieron marcharse del sitio para buscar un lugar seguro, sin embargo, por la prisa que tenían para el escape, cuatro de ellos no consiguieron vestirse.

Al subir a una camioneta que conducía la madre de las jóvenes, y única del grupo que llevaba ropa, decidieron rescatar a los vecinos: un hombre, su hija y bebé de seis semanas de ella.

Los tres fueron sacados a la fuerza de su casa y llevados sin zapatos hasta el vehículo a través del piso cubierto de nieve.

El hombre fue metido en la cajuela de la camioneta y se le ordenó cantar “Jehová” diez veces.

El vehículo avanzó por la autopista a toda velocidad sin detenerse por los semáforos en rojo, mientras los tripulantes cantaban “Jehová” en repetidas ocasiones.

El hombre y su hija consiguieron escapar en un descuido de los cinco religiosos, además abordaron un camión que pasaba en el momento.

En respuesta, la mujer embistió al camión por la parte trasera, aunque con el ataque sólo logró que su automóvil cayera en una zanja.

De acuerdo con los reportes, la Policía local llegó a la escena del accidente y encontró a los testigos de Jehová desnudos, quienes mostraron “una fuerza extrema” y se negaron a abandonar el vehículo.

El informe indica que una de las jóvenes pensaba que los uniformados eran “monstruos que los matarían”.

Los agentes utilizaron al ver la resistencia de las cinco personas, utilizaron gas pimienta y armas de electrochoque para así someterlos.

Los oficiales pensaron que las personas se hallaban bajo los influjos de drogas y alcohol.

El padre de las adolescentes, quien no fue parte de los hechos, declaró que el grupo pudo haber consumido un té alucinógeno, aunque en el documento no es mencionado.

Los cinco testigos de Jehová fueron detenidos por los hechos, las dos mujeres adultas y el hombre se declararon culpables ante la corte provincial de Leduc, por el cargo de confinamiento ilegal.

La madre de las jóvenes admitió haber conducido de manera peligrosa; las menores no fueron acusadas por lo sucedido.


Tomado de 24 Horas MX

lunes, 24 de septiembre de 2018

Argumentos filosóficos que muestran la existencia de Dios

Desde que me convertí y leí los famosos libros de Josh McDowell, "Evidencia que exige un veredicto" y "Más que un carpintero", llegué a la conclusión que mi fe no era un suicidio mental sino una creencia razonable. Mi fe satisfizo mi mente.

En esta entrada veremos como algunos de los filósofos más importantes sentaron escuelas filosóficas basadas en la existencia de Dios.



Evidencias Racionales de la Existencia de Dios

Durante el paso de los siglos, los filósofos y pensadores han presentado argumentos racionales sobre la existencia de Dios.

Algunos de estos argumentos vienen de los filósofos griegos Platón y Aristóteles, quienes vivieron unos 300 años antes de Cristo; otros argumentos han sido formulados en los tiempos recientes por los estudiosos de filosofía y religión.

Veamos algunos de estos argumentos.

El argumento cosmológico
Viene del griego cosmología (cosmos, orden y logia, discurso), es el estudio a gran escala de la estructura y la historia del Universo en su totalidad y, por extensión, del lugar de la humanidad en él.
Este argumento ha sido enunciado de varias maneras; en general encierra la idea de que todo lo que existe en el mundo debe tener una primera causa o razón de ser.
El filósofo alemán Emanuel Kant indicó que si todo lo que existe tiene razón de existir, debe tener su punto de origen en Dios. Es decir, debe haber un agente único que equilibre y armonice en sí todas las cosas.

El argumento teleológico
El término teleología viene del griego telos, fin, y logía, discurso; por eso es el estudio de los fines o propósitos de algún objeto o algún ser, o bien literalmente, a la doctrina filosófica de las causas finales.
Este argumento es prácticamente una extensión del anterior; demuestra que muchas cosas del mundo revelan inteligencia, orden y propósito. De ahí se deduce que su creador debe haber sido un ser sumamente sabio.
Por ejemplo, el hombre para vivir necesita inhalar el aire, del cual recibe oxígeno, pero exhala dióxido de carbono, el cual es inútil para el hombre. Por otra parte, las plantas consumen dióxido de carbono como un elemento esencial, y producen oxígeno, el cual a su vez es consumido por el hombre.

El argumento moral
Para este argumento, Kant partió del raciocinio de la existencia de un Supremo Legislador y Juez, con derecho absoluto de gobernar y corregir al hombre.
Este filósofo sostenía la opinión de que este argumento era superior a todos los demás para probar la existencia de Dios.
La teología moderna utiliza este argumento afirmando que el reconocimiento de un bien supremo por parte del hombre y su deseo de una moral superior, indican la existencia de un Dios que puede convertir ese ideal en realidad.

El argumento de la creencia universal
La exposición principal de este argumento es el siguiente:
Entre todos los pueblos y tribus existe la evidencia común de que el hombre es un ser religioso en potencia. Siendo universal este fenómeno debe ser parte constituyente de la naturaleza del hombre. Y si la naturaleza del hombre tiende a la práctica religiosa, ésta solo encuentra explicación en la existencia de un ser superior.
Es por eso que millones ignoran al único y verdadero Dios pero practican alguna religión.

Conclusión
El estudio de estos argumentos puede fortalecer la fe de un creyente ya que le hace ver que su fe no está en contra de la razón.
Puede ayudarle a saber dialogar con personas que no aceptan la Biblia pero que están dispuestas a razonar acerca de los interrogantes filosóficos con respecto al origen del mundo.