sábado, 9 de mayo de 2015

Cuando un cristiano tiene más amor por un perro que por su prójimo

Cuando un cristiano tiene más amor por un perro que por su prójimo



Título Original: Amor a los Animales Vs. Amor al Prójimo

“EL JUSTO CUIDA DE LA VIDA DE SU BESTIA;”(PROV:12:10) -“AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO.” (MATEO 27:39)

Como fieles mayordomos de la creación debemos velar por el cuidado y la protección de la flora y la fauna que la integran, lo que, por supuesto, incluye a las criaturas no hechas a la imagen de Dios que forman parte del ecosistema mundial. Pero, nunca debería tal cuidado hacerse con un énfasis tan marcado que casi las iguale a la corona de la creación: el ser humano. 

Es cierto que debemos atender las necesidades de nuestros animales, incluso lo vemos en el mismo Decálogo (Exodo 20), pero siento que muchos, sobre todo muchos cristianos, están sin quererlo, agregando un tercer grande mandamiento: “Amarás a los animales como a ti mismo”. De hecho, el cuidado que se nos manda a que tengamos de las bestias es con un fin ulterior de utilizarlas para propósitos muy distintos a parte de lo que enfatizan hoy los amantes de los animales. Por cierto, la palabra traducida como “bestia” en Prov. 12:10 en la Reina Valera, se traduce en la Biblia de Las América como “ganado”. Y el mismo se usaba, no sólo para el arado y el consumo de leche y pieles, sino también para sacrificarlas en los rituales de expiación, y consumir parte de su carne también. Razones de intereses, más que suficientes para cuidar de esos animales con esmero y dedicación.

Ahora, hay algo que no me cuadra con la actualmente sobre enfatizada devoción hacia los animales por parte de, sobre todo, algunos que profesan la fe, en contraste con la pobre devoción que muestran hacia las necesidades de quienes son hechos conforme a la imagen de Dios, es decir, su prójimo, las personas, en necesidad. Pero, en realidad, no debería sorprendernos tal contradicción ética en nuestra época porque se trata de una cuestión antigua, pues el mismo Cristo tuvo que lidiar con el tema y desenmascarar la hipocresía de los religiosos de su época. que criticaban la sanación de un enfermo en día de reposo, pero no escatimaban esfuerzos por rescatar a una de sus ovejas que estuviese en peligro en ese día, mostrando así que amaban más a sus bestias que a las criaturas hechas por Dios a Su imagen. La enseñanza que Cristo les dejó a ellos al respecto, la sintetizó en la pregunta que les hizo:”¿cuánto más vale un hombre que una oveja?” (Mateo 12:10-12).

Pero también, no sólo habló de esto a los religiosos impíos de su época, sino que, también, el mismo principio de la valoración que Dios da al hombre por encima de las criaturas de la flora y la fauna, no hechas a Su imagen, se lo enseñó también a sus propios discípulos convertidos durante su predicación en el sermón del monte. Les dijo, al hablar del afán y la ansiedad, en Mateo 6:25-34, que los humanos no sólo valemos más que las criaturas del reino vegetal : ” Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?”(v.30), (y ojalá que entendamos esto con tiempo antes de que se promueva una exagerada devoción por las plantas que termine catalogando como maltrato vegetal el cortar los frutos de los árboles o el podarlos), sino que valemos más que los animales “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”(v.26).

Y pienso que, quizá como nunca, la enseñanza del Señor Jesucristo sobre este asunto debería retumbar en los oídos y conciencias de aquellos que hoy recogen un perro o un gato realengo en la calle (y hasta lloran de pena y compasión, lo cual no es malo en sí mismo) y mueven mar y tierra (ahora es más fácil con las redes sociales) en busca de patrocinio y albergue para estas desamparadas criaturas de la fauna, pero le pasan por el lado al “God image likeness” indigente de la calle y al prójimo hecho a la imagen de Dios de su iglesia en necesidad, actuando sin querer cual el sacerdote con el hombre maltratado y herido de la parábola del buen samaritano (Lucas 10:21-37). Tal contradicción debería ser evitada y, según creo, advertida de manera pronta desde los púlpitos de las iglesias para que los creyentes no terminemos sustituyendo la filantropía bíblica por la desenfocada pasión por los animales que vemos en el mundo.

Es al prójimo, no a los animales ni a las plantas a quienes debemos amar como a nosotros mismos, aunque, claro, no dejemos de cuidar nuestro ecosistema, que es un mandato dado desde el principio de la creación (Gen. 2:15), pues esto es necesario hacer,sin dejar de hacer aquello.

Bendiciones!!

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