domingo, 19 de mayo de 2013

Tres Pruebas Para Descubrir una Secta


Tres Pruebas 
Para Descubrir una Secta


Una y otra vez en su libro, Juan resalta tres pruebas principales para “probar los espíritus”. Las tres deben estar presentes para que determinado grupo sea considerado auténtico. No es suficiente que un grupo exhiba una o aun dos de estas marcas sino que, según el apóstol Juan, las tres juntas dan la pauta de una verdadera iglesia.

Al mencionar estas pruebas, es importante distinguir entre una iglesia separatista; o tal vez un poco rara, y una secta. Además, ciertas iglesias o grupos comienzan bien pero poco a poco se convierten en sectas y lo manifestarán en alguna de las tres áreas. Las tres pruebas son la teológica, la moral y la social.


1. La prueba teológica.

Esta prueba tiene que ver mayormente con Dios Hijo, Jesucristo.

Esto doctrina es la importante porque nadie puede ser un verdadero cristiano sin creer que Cristo es lo que la Biblia declara que es.

Las preguntas para probar al grupo teológicamente son:

¿Quién dicen ellos que es Jesucristo?

Según esa doctrina, ¿qué debe hacer uno para ser salvo?

En Hechos 16:30 esa fue la pregunta que le hizo el carcelero de Filipo a Pablo: “Y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”

En Juan 2:23 vemos que el verdadero cristiano debe confesar al Hijo: “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.”

Confesar es el término griego homologeo, que literalmente significa estar de acuerdo o decir la misma cosa.

Si el grupo que investigamos cree la verdad, deberá decir acerca de Jesucristo lo mismo que la Biblia declara sobre Él:

Que Cristo es Dios: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9).

Que Cristo murió por nuestros pecados: “El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”  (Romanos 4:25).

Que la salvación se encuentra solamente en Cristo: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:11–12).

Que la salvación es un regalo de Dios: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

Que la salvación no viene como consecuencia de obras humanas: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).

En las sectas existen varias maneras de “negar al Hijo”.

La primera manera es negar directamente en su doctrina escrita que Jesús sea el único Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador del mundo. Es lo que hacen los Testigos de Jehová.

Otra manera de “negar al Hijo” es negar la eficacia de la obra de Jesucristo en la cruz.

Los que hacen esto enseñan la necesidad de un sistema de obras para alcanzar y mantener la salvación.

Me he encontrado muchísimas sectas que dicen que uno tiene que hacerse digno de la salvación realizando obras humanas.

Es la gente que dice: “Estoy trabajando por mi salvación”, yo siempre les pregunto: “Y, ¿cuánto debes trabajar para estar seguro que has alcanzado la salvación?”

Nunca recibo una respuesta. 

Otra manera común de negar al Hijo, es agregar obras humanas al plan de la salvación: Cristo más otra cosa.

Son casos como las iglesias que dicen que si uno no se bautiza tal como enseña su iglesia no puede ser salvo. En realidad no están confiando en la obra completa de Cristo para su salvación sino que necesitan algo externo, un sistema de obras humanas.

Hay una manera más sutil de negar al Hijo.

Muchas sectas, como los mormones al principio intentan convencer al interesado de que su doctrina es ortodoxa, mientras por otro lado ocultan su doctrina de la salvación; algo  que recién les enseñan cuando han alcanzado “cierto nivel”.

Como dice en 2 Pedro 2:1: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató…”


2. La prueba moral.

La confesión de que Cristo es el Hijo de Dios, el Mesías, el Ungido es tanto una verdad inalterable como algo práctico y personal en la vida de una persona.

Con relación a la prueba moral, Juan nos exhorta: “Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él” (1 Juan 2:29).

En Romanos 8.29 vemos que será evidente que una persona ha nacido de nuevo porque día a día se va conformando más y más a la imagen del Hijo de Dios: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.”

Por otra parte, la doctrina falsa conducirá a un comportamiento hipócrita y una vida falsa: “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan…” (Tito 1:16).

La prueba moral, entonces, consiste en preguntar: ¿Es gente santa? ¿Hay obediencia a la Escritura o acaso obediencia a una creciente lista de mandatos humanos?

Además podemos hacer una investigación adicional: Estudiar la vida de los fundadores y actuales líderes del grupo o iglesia. ¿Vivieron o viven una vida de santidad bíblica?

Por ejemplo, sabemos que Joseph Smith, fundador de los mormones, murió linchado debido a sus prácticas polígamas, por los esposos enfurecidos por haber perdido sus esposas debido a estas prácticas  

En cuanto a sus amigos y conocidos ya involucrados, pregúntese cómo les ha afectado la asistencia a este grupo en sus relaciones con Dios. ¿Los hace más conforme a la imagen de Cristo? La parte que ellos tienen con el grupo, ¿hace que Cristo sea más y más indispensable o los hace cada vez más subordinados a la iglesia? ¿Dan gloria a Dios, a un hombre o al grupo?

Finalmente, preguntémonos sobre la actitud que ellos tienen hacia las Escrituras. ¿Los induce a pasar tiempo en la Biblia de una manera práctica, o simplemente a memorizar ciertos pasajes que apoyan las creencias del grupo sectario?


3. La prueba social.

El tercer elemento que debe existir en la vida de un creyente o grupo con la verdad es la palabra ágape, el amor de Dios.

1 Juan 2:9–11
9 El que dice que está en la luz,  y aborrece a su hermano,  está todavía en tinieblas.
10 El que ama a su hermano,  permanece en la luz,  y en él no hay tropiezo.
11 Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas,  y anda en tinieblas,  y no sabe a dónde va,  porque las tinieblas le han cegado los ojos.

1 Juan 4:7–8
7  Amados,  amémonos unos a otros;  porque el amor es de Dios.  Todo aquel que ama,  es nacido de Dios,  y conoce a Dios.
8  El que no ama,  no ha conocido a Dios;  porque Dios es amor.

La esencia básica de este amor se encuentra en 1 Juan 3:16: “En esto hemos conocido el amor, en que él [Jesús] puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos”.

Es evidente que no podemos redimir a alguien muriendo por él porque nacimos muertos espiritualmente. Jesucristo es el único que pudo efectuar nuestra redención. Sin embargo, existen muchas maneras en que puedo “poner mi vida” por los hermanos.

Consideremos el siguiente versículo: “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17)

Si alguien tiene una necesidad (una verdadera necesidad, no un simple deseo) y yo tengo lo que ese alguien necesita, ya sea tiempo, comida, dinero, transporte, un talento, una habilidad, u otra cosa, debo hacer lo posible por suplir esa necesidad.

La prueba social entonces es: ¿Existe esta clase de amor en el grupo?

El amor de las sectas es un “amor” egocéntrico y superficial, o son actos de caridad a fin de ganar el favor de Dios (o apaciguar la ira divina).

Otra pregunta que toma en cuenta la prueba social es ¿existe en ese grupo amor al cuerpo de Cristo en general? ¿hay amor por los inconversos?

¿Está la iglesia participando en la Gran Comisión con conversiones a Cristo (Mateo 28:18–20), o está haciendo proselitismo entre miembros de otras iglesias?

La Gran Comisión a la iglesia es predicar la Palabra a fin de convencer a los que no conocen al Salvador en forma personal para que se conviertan a Jesús; pero jamás es separar a los creyentes de sus iglesias haciéndolos dudar de su salvación afirmando que su grupo es el único con la verdad.


Quién los oye

Finalmente, hay otra cuestión que Juan hace resaltar: “Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error” (1 Juan 4:5–6).

El apóstol nos insta a preguntarnos quiénes están escuchando a ese grupo o a su líder. Por más ortodoxo que parezca un grupo, si enseña doctrina falsa, es “del mundo”.

Entonces, examinemos quienes van a esos grupos, ¿creyentes sólidos en la palabra o inconstantes y raros que siguen todo viento de doctrina?  


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