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jueves, 3 de abril de 2014

¿EXISTIÓ REALMENTE JESUCRISTO?

¿EXISTIÓ REALMENTE JESUCRISTO?


Dos razones justifican el planteamiento de este problema; de hecho se ha negado la existencia histórica de Jesucristo, aunque hoy día nadie la niega aún en el campo racionalista.Una segunda razón es el hecho mismo del culto que se da a Cristo a fuerza de idealizar su figura humana en el arte y el culto, parece que se aleja de la realidad histórica.

1. LA NEGARON.

Negaron la existencia histórica Dupuis (1743-1809) y Volney (1757-1820). Bruno Bauer enseña durante cuarenta años (1840-1880) que todas las figuras del cristianismo primitivo son ficciones literarias. Kalthoff, muerto en 1906, afirmó que el cristianismo no debe su origen a Cristo, sino a las condiciones sociales del siglo II. Jensen, H.Zimmern, H; Wickier acuden a las tradiciones asirobabilónicas para explicar la creación de Cristo. John Mackinson se apoya en las tendencias politeístas del pueblo judío. William Benjamín Smith apela a una secta pre-cristiana que tenia un dios llamado Jesús.

Arturo Drews publicó en 1909 su primera obra contra la existencia histórica de Jesús. Cuando reanudó sus publicaciones en 1921, después de la primera guerra mundial, no tuvo la misma acogida. Sus publicaciones nihilistas llegaron hasta 1927, pero sin que la ciencia las tomara en serio. En Francia y Bélgica tuvo gran resonancia la obra de L. Couchoud, publicada en París en 1924 con el título “Le mystére de Jesús”. Los adversarios de la existencia histórica no aportan razones históricas. Forman su teoría a base de los datos que recogen de la historia de las religiones comparadas con la vida y la teología de Cristo. Esto explicaría, por otra parte, por qué los estados civiles laicistas fomentan la enseñanza de la “Historia de las Religiones”…. La crítica liberal del siglo SEX y la Escuela de la Historia de las Formas nunca tomaron en serio la inexistencia histórica de Jesús. R. Bultrnann, el crítico que más avanza en el negativismo histórico, no puede menos de reconocer como un hecho la existencia de Jesús, aunque reduce su historia al mínimo.

2.- LA ARQUEOLOGÍA DICE QUE SI.

Para negar la existencia histórica de Jesús hay que renunciar no sólo a la literatura cristiana, sino a parte de la no cristiana, y sumergir en el misterio de lo inexplicable lo que hoy llamamos “cultura occidental”. La geografía de Palestina, con sus múltiples excavaciones y hallazgos arqueológicos, que van sacando a la luz los monumentos cristianos del período romano y bizantino, son un monumento insobornable del paso de Jesús por la tierra.

3.- LOS CUATRO EVANGELIOS.

Los cuatro Evangelios, estudiados como ningún otro libro, son escritos muy cercanos a los días de Jesús, que ascienden a sus propios discípulos.

4.- PABLO.

Nació algunos años más tarde que Jesús y recogió todo el ambiente judío y jerosolomitano conmovido por la predicación y los hechos del profeta de Nazaret. Con que se admita una sola de sus cuatro grandes cartas, donde habla de los primeros apóstoles, de los parientes de Cristo, de su vida y estado, de las cuestiones y controversias relacionadas con las primitivas cristiandades, habrá que rechazar como impropios de la ciencia los conatos de deshacer la existencia histórica de Jesús.

5.- ESCRITOS CRISTIANOS DE LOS SIGLOS I Y II.

Los escritos extracanónicos de fines del siglo I y principios del II están todos llenos de lo que Pablo llamaba “La ciencia de Cristo crucificado”; el símbolo de los apóstoles, la Didaché, la carta de Bernabé, Clemente Romano, Ignacio de Antioquia, Arístides de Atenas, Aristón de Pella. El filósofo, Justino, natural de Samaría y muerto en el 165 cuando escribe su primera Apología dice que hacía 150 años que había nacido Jesucristo en una cueva cercana a la aldea de Belén y que él había conocido los arados hechos por el carpintero de Nazaret. Orígenes en el siglo III escribe: “Se muestra en Belén la cueva donde nació Jesús. El hecho es público en todo el país. Los paganos mismos saben que en esta gruta nació un cierto Jesús adorado de los nazaremos Tertuliano, que nació en Cartago hacia el año 160, y estaba especializándose en leyes e instituciones romanas, dice que en los documentos oficiales de Roma podía verse la genealogía de Cristo y el nombre de sus padres en el censo realizado en tiempo de Augusto.

6.- LA LITERATURA JUDÍA POSCRISTIANA.

No puede prescindir de Jesús, aunque sea sólo para calumniarlo, J. Klausner, profesor en la unidad Hebrea de Jerusalén, escribe una biografía sobre Jesús, que es muy pronto traducida del hebreo al inglés, al alemán y al francés. En la parte que dedica a las fuentes, estudia ampliamente el testimonio de Talmud. M. Coguel, decano de la facultad de teología protestante de París, dedica todo el capítulo II a las fuentes no cristianas sobre Jesús y menciona al Talmud, Flavio Josefo, a Plinio el Joven, Tácito y Suetonio.

Flavio Josesfo, historiador judío que escribió hacia el año 90 de nuestra era sus “Antigüedades Judías”, menciona en esa obra dos personajes de la historia evangélica: Juan Bautista y Santiago, hermano del Señor. A propósito del primero, indica su muerte por Heredes Antipas; el segundo es llamado “hermano de Jesús, por sobrenombre Cristo”.

7.- FUENTES ROMANAS.

También aquí los textos son generalmente breves, pues a los autores no les interesaba una Vida de Jesús, pero los autores atestiguan la existencia de Cristo y de una religión fundada por El, lo mismo nos dicen los Evangelios .

Suetonio menciona a Cristo a propósito de un edicto del emperador Claudio expulsando a todos los judíos de Roma, por los desórdenes que había promovido el barrio judío a propósito de Cristo. “Claudio expulsó de Roma a los judíos convertidos en una causa permanente de desórdenes a impulsos de un tal Crestos! Acontecimiento que es recordado en los Hechos de los Apóstoles. En el año 52 Pablo encuentra en Corinto a Aquila y Oriscila, recién llegados de Italia: “Por haber decretado Claudio que salieran de Roma todos los judíos” (Hch. 18,2)

El mismo historiador hace de paso una mención de los cristianos a propósito de los suplicios a que se les sometía bajo Nerón. “Se infligió a los cristianos, gente dada a la superstición nueva y maléfica”.

Tácito habla también de los cristianos a propósito del incendio de Roma. Su texto es mucho más importante porque es más circunstanciado. Los menciona relacionándolos con Cristo afirmando que éste fue ejecutado en Judea bajo Tiberio, por orden del procurador Poncio Pilato: “Este nombre les viene de Cristo a quien, bajo el principado de Tiberio, Poncio Pilato entregó al suplicio; esta detestable superstición, reprimida por el momento, se manifestó de nuevo, no sólo en Judea, donde había nacido el mal, sino también en Roma, a donde afluye y encuentra numerosa clientela todo lo que hay de horrible y vergonzoso en el mundo”.

Plinio el Joven, gobernador de Bitnia, en una carta al emperador Trajano le pregunta qué conducta ha de seguir respecto a los cristianos de su provincia. A este propósito, indica el resultado de la encuesta que ha hecho como consecuencia de numerosas denuncias: “Afirmaba tener costumbre de reunirse en días fijos, antes de salir el sol, para cantar a Cristo, considerado como Dios. Un cántico alternado, y comprometerse por juramento a no cometer crimen ninguno sino abstenerse del robo, asesinato, adulterio, infidelidad… Después de esto se separaban para volver a tomar un alimento común e inocente”.

A estas fuentes literarias se podría añadir el descubrimiento epigráfico hecho recientemente en el litoral palestinense, en Cesárea, y lleva el nombre de “Pontius Pilatus”. Es la primera vez que se halla mencionado su nombre fuera de las fuentes literarias que están relacionadas casi todas con Cristo.

8. LA IGLESIA VIVIENTE.

La existencia de la Iglesia actual prueba la existencia de Cristo, pues ésta no se explica sin Aquél. Cristo es la causa de la existencia de la Iglesia como sociedad y él recuerdo siempre presente en su culto. “La Iglesia cristiana es una de las realidades de nuestro tiempo que podrá agradar o no, pero no puede ignorar ningún observador inteligente del panorama contemporáneo. Por tanto, cuando tratamos de estudiar los acontecimientos de los que surgió el papel que desempeñó en ellos su fundador, no procedemos como los arqueólogos, que reconstruyen un organismo extinguido. Los acontecimientos forman parte del edificio viviente de una sociedad contemporánea, cuya dependencia de su fundador es un rasgo permanente de su continuada existencia”. (C.H.Dodd)

viernes, 21 de marzo de 2014

El hallazgo sobre el Big Bang, ¿ofrece pruebas de Dios?

El hallazgo sobre el Big Bang, ¿ofrece pruebas de Dios?

Opinión por Leslie A. Wickman, Especial para CNN

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(CNN) - El sorprendente descubrimiento, anunciado esta semana, de ondas en el tejido del espacio-tiempo ha sacudido al mundo de la ciencia, y al mundo de la religión.

Ha sido presentado como evidencia de la inflación (una expansión del universo más rápida que la velocidad de la luz); el nuevo descubrimiento de rastros de ondas gravitacionales afirma los conceptos cientificos en el campo de la cosmología, la relatividad general y la física de partículas.

El nuevo descubrimiento también tiene implicaciones significativas para la cosmovisión de los judeo-cristianos, y ofrece un fuerte respaldo para las creencias bíblicas.

Ésta es la razón:

La teoría prevalente de los orígenes cósmicos antes de la teoría del Big Bang era la del "Estado sostenido", la cual afirmaba que el universo siempre había existido, sin un comienzo que necesitara una causa.

Sin embargo, esta nueva evidencia fuertemente sugiere que hubo un comienzo para nuestro universo.

Si el universo de hecho tuvo un comienzo, por la simple lógica de causa y efecto, tuvo que haber un agente -separado e independiente del efecto- que lo causara.

Eso me suena mucho a Génesis 1:1: “En el principio Dios creó los cielos y la Tierra".

Entonces, este último descubrimiento es una buena noticia para nosotros los creyentes, ya que agrega un apoyo científico a la idea de que el universo fue causado -o creado- por algo o alguien fuera de él y que no dependía del mismo.

El astrónomo ateo que se convirtió en agnóstico, Fred Hoyle, quien acuñó el famoso término "Big Bang", hizo esta famosa declaración: "Una interpretación con sentido común de los hechos sugiere que un superintelecto jugueteó con la física".

Como Hoyle lo vio, el Big Bang no fue una explosión caótica, sino más bien un evento altamente ordenado, uno que no pudo haber ocurrido por casualidad.

También debemos recordar que Dios se revela a sí mismo tanto a través de la escritura, como de la creación. El reto está en ver cómo se acoplan estos dos aspectos. Una mejor comprensión de cada uno puede informar nuestra comprensión del otro.

No solo se trata de abrir la Biblia y leer cualquier cosa que encontremos allí desde la perspectiva estadounidense del siglo XXI. Tenemos que estudiar el contexto, la cultura, el género, al autor y a la audiencia original para entender la intención.

El mensaje de la creación en Génesis nos dice que Dios creó un lugar especial para que los humanos vivieran, prosperaran y estuvieran en comunión con Él, que Dios quiere tener una relación con nosotros, y prepara todo para que estemos en comunión con Él, incluso después de que nos alejamos.

Entonces, sabemos que Génesis nunca tuvo la intención de ser un manual científico detallado, en el que se describe cómo Dios creó el universo. El mensaje que imparte es teológico, no científico.

(Imagina qué tan confusos serían los mensajes acerca de las ondas gravitacionales y la materia oscura para los antiguos lectores hebreos).

Como científica y creyente moderna, cuando veo el cielo estrellado en una noche despejada, recuerdo que “los cielos cuentan la gloria de Dios" (Salmo 19:1). Me siento maravillada ante la complejidad del mundo físico, y cómo todas las piezas encajan a la perfección y se encuentran en armonía.

En el libro de Jeremías, en el Antiguo Testamento, el escritor nos cuenta que Dios "estableció su pacto con el día y la noche y con las leyes del cielo y de la tierra".

Estas leyes físicas establecidas por Dios para gobernar las interacciones entre la materia y la energía resultan en un universo afinado con precisión que proporciona las condiciones ideales para que se desarrolle la vida en nuestro planeta.

Cuando observamos la complejidad del cosmos, desde las partículas subatómicas hasta la materia y la energía oscura, rápidamente concluimos que debe haber una explicación más satisfactoria que una simple casualidad. Si se practica adecuadamente, la ciencia puede ser un acto de adoración al ver a Dios revelarse a sí mismo en la naturaleza.

Si Dios verdaderamente es el creador, entonces Él se revelará a través de lo que ha creado, y la ciencia es una herramienta que podemos usar para descubrir esas maravillas.

Leslie Wickman es directora del Centro para la Investigación de la Ciencia en Azusa Pacific University. También se desempeñó como ingeniera en Lockheed Martin Missile & Space, donde trabajó en el telescopio espacial Hubble de la NASA, y en los programas de la Estación Espacial Internacional. Las opiniones expresadas en este comentario le pertenecen exclusivamente a Wickam.

domingo, 19 de mayo de 2013

Tres Pruebas Para Descubrir una Secta


Tres Pruebas 
Para Descubrir una Secta


Una y otra vez en su libro, Juan resalta tres pruebas principales para “probar los espíritus”. Las tres deben estar presentes para que determinado grupo sea considerado auténtico. No es suficiente que un grupo exhiba una o aun dos de estas marcas sino que, según el apóstol Juan, las tres juntas dan la pauta de una verdadera iglesia.

Al mencionar estas pruebas, es importante distinguir entre una iglesia separatista; o tal vez un poco rara, y una secta. Además, ciertas iglesias o grupos comienzan bien pero poco a poco se convierten en sectas y lo manifestarán en alguna de las tres áreas. Las tres pruebas son la teológica, la moral y la social.


1. La prueba teológica.

Esta prueba tiene que ver mayormente con Dios Hijo, Jesucristo.

Esto doctrina es la importante porque nadie puede ser un verdadero cristiano sin creer que Cristo es lo que la Biblia declara que es.

Las preguntas para probar al grupo teológicamente son:

¿Quién dicen ellos que es Jesucristo?

Según esa doctrina, ¿qué debe hacer uno para ser salvo?

En Hechos 16:30 esa fue la pregunta que le hizo el carcelero de Filipo a Pablo: “Y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”

En Juan 2:23 vemos que el verdadero cristiano debe confesar al Hijo: “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.”

Confesar es el término griego homologeo, que literalmente significa estar de acuerdo o decir la misma cosa.

Si el grupo que investigamos cree la verdad, deberá decir acerca de Jesucristo lo mismo que la Biblia declara sobre Él:

Que Cristo es Dios: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9).

Que Cristo murió por nuestros pecados: “El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”  (Romanos 4:25).

Que la salvación se encuentra solamente en Cristo: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:11–12).

Que la salvación es un regalo de Dios: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

Que la salvación no viene como consecuencia de obras humanas: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).

En las sectas existen varias maneras de “negar al Hijo”.

La primera manera es negar directamente en su doctrina escrita que Jesús sea el único Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador del mundo. Es lo que hacen los Testigos de Jehová.

Otra manera de “negar al Hijo” es negar la eficacia de la obra de Jesucristo en la cruz.

Los que hacen esto enseñan la necesidad de un sistema de obras para alcanzar y mantener la salvación.

Me he encontrado muchísimas sectas que dicen que uno tiene que hacerse digno de la salvación realizando obras humanas.

Es la gente que dice: “Estoy trabajando por mi salvación”, yo siempre les pregunto: “Y, ¿cuánto debes trabajar para estar seguro que has alcanzado la salvación?”

Nunca recibo una respuesta. 

Otra manera común de negar al Hijo, es agregar obras humanas al plan de la salvación: Cristo más otra cosa.

Son casos como las iglesias que dicen que si uno no se bautiza tal como enseña su iglesia no puede ser salvo. En realidad no están confiando en la obra completa de Cristo para su salvación sino que necesitan algo externo, un sistema de obras humanas.

Hay una manera más sutil de negar al Hijo.

Muchas sectas, como los mormones al principio intentan convencer al interesado de que su doctrina es ortodoxa, mientras por otro lado ocultan su doctrina de la salvación; algo  que recién les enseñan cuando han alcanzado “cierto nivel”.

Como dice en 2 Pedro 2:1: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató…”


2. La prueba moral.

La confesión de que Cristo es el Hijo de Dios, el Mesías, el Ungido es tanto una verdad inalterable como algo práctico y personal en la vida de una persona.

Con relación a la prueba moral, Juan nos exhorta: “Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él” (1 Juan 2:29).

En Romanos 8.29 vemos que será evidente que una persona ha nacido de nuevo porque día a día se va conformando más y más a la imagen del Hijo de Dios: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.”

Por otra parte, la doctrina falsa conducirá a un comportamiento hipócrita y una vida falsa: “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan…” (Tito 1:16).

La prueba moral, entonces, consiste en preguntar: ¿Es gente santa? ¿Hay obediencia a la Escritura o acaso obediencia a una creciente lista de mandatos humanos?

Además podemos hacer una investigación adicional: Estudiar la vida de los fundadores y actuales líderes del grupo o iglesia. ¿Vivieron o viven una vida de santidad bíblica?

Por ejemplo, sabemos que Joseph Smith, fundador de los mormones, murió linchado debido a sus prácticas polígamas, por los esposos enfurecidos por haber perdido sus esposas debido a estas prácticas  

En cuanto a sus amigos y conocidos ya involucrados, pregúntese cómo les ha afectado la asistencia a este grupo en sus relaciones con Dios. ¿Los hace más conforme a la imagen de Cristo? La parte que ellos tienen con el grupo, ¿hace que Cristo sea más y más indispensable o los hace cada vez más subordinados a la iglesia? ¿Dan gloria a Dios, a un hombre o al grupo?

Finalmente, preguntémonos sobre la actitud que ellos tienen hacia las Escrituras. ¿Los induce a pasar tiempo en la Biblia de una manera práctica, o simplemente a memorizar ciertos pasajes que apoyan las creencias del grupo sectario?


3. La prueba social.

El tercer elemento que debe existir en la vida de un creyente o grupo con la verdad es la palabra ágape, el amor de Dios.

1 Juan 2:9–11
9 El que dice que está en la luz,  y aborrece a su hermano,  está todavía en tinieblas.
10 El que ama a su hermano,  permanece en la luz,  y en él no hay tropiezo.
11 Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas,  y anda en tinieblas,  y no sabe a dónde va,  porque las tinieblas le han cegado los ojos.

1 Juan 4:7–8
7  Amados,  amémonos unos a otros;  porque el amor es de Dios.  Todo aquel que ama,  es nacido de Dios,  y conoce a Dios.
8  El que no ama,  no ha conocido a Dios;  porque Dios es amor.

La esencia básica de este amor se encuentra en 1 Juan 3:16: “En esto hemos conocido el amor, en que él [Jesús] puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos”.

Es evidente que no podemos redimir a alguien muriendo por él porque nacimos muertos espiritualmente. Jesucristo es el único que pudo efectuar nuestra redención. Sin embargo, existen muchas maneras en que puedo “poner mi vida” por los hermanos.

Consideremos el siguiente versículo: “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17)

Si alguien tiene una necesidad (una verdadera necesidad, no un simple deseo) y yo tengo lo que ese alguien necesita, ya sea tiempo, comida, dinero, transporte, un talento, una habilidad, u otra cosa, debo hacer lo posible por suplir esa necesidad.

La prueba social entonces es: ¿Existe esta clase de amor en el grupo?

El amor de las sectas es un “amor” egocéntrico y superficial, o son actos de caridad a fin de ganar el favor de Dios (o apaciguar la ira divina).

Otra pregunta que toma en cuenta la prueba social es ¿existe en ese grupo amor al cuerpo de Cristo en general? ¿hay amor por los inconversos?

¿Está la iglesia participando en la Gran Comisión con conversiones a Cristo (Mateo 28:18–20), o está haciendo proselitismo entre miembros de otras iglesias?

La Gran Comisión a la iglesia es predicar la Palabra a fin de convencer a los que no conocen al Salvador en forma personal para que se conviertan a Jesús; pero jamás es separar a los creyentes de sus iglesias haciéndolos dudar de su salvación afirmando que su grupo es el único con la verdad.


Quién los oye

Finalmente, hay otra cuestión que Juan hace resaltar: “Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error” (1 Juan 4:5–6).

El apóstol nos insta a preguntarnos quiénes están escuchando a ese grupo o a su líder. Por más ortodoxo que parezca un grupo, si enseña doctrina falsa, es “del mundo”.

Entonces, examinemos quienes van a esos grupos, ¿creyentes sólidos en la palabra o inconstantes y raros que siguen todo viento de doctrina?