martes, 18 de agosto de 2015

Juan Luis Cipriani, el cardenal peruano despedido por "plagiar" al Papa

Juan Luis Cipriani, el cardenal peruano despedido por "plagiar" al Papa

Javier Lizarzaburu
Perú, para BBC Mundo

El cardenal asegura que no cometió delito alguno.

Hace pocos días el principal diario nacional de Perú, El Comercio, separó públicamente como columnista al cardenal de ese país, arzobispo Juan Luis Cipriani. Una decisión sin precedentes en esta nación considerada profundamente conservadora y religiosa.

Para sus seguidores, esto fue un acto de venganza ante un personaje polémico y controvertido a lo largo de los últimos 25 años.

Lo cierto es que el diario había confirmado la veracidad de la denuncia de un medio local, Utero.pe.

Este señalaba que el purpurado había copiado, sin hacer uso de las comillas, algunos párrafos del libro “Communio”, de Joseph Ratzinger, después el ahora papa emérito Benedicto XVI.

Esos párrafos habían aparecido en la nota titulada “Sentido primaveral de nuestra historia”, publicado el domingo 9 de agosto y firmada por Cipriani.

El cardenal responde

La respuesta del cardenal no se hizo esperar, y en una carta al director basó su defensa en dos puntos: los textos de la Iglesia no tienen propiedad intelectual, “es patrimonio común de nuestra fe” precisó, y por lo tanto no había cometido delito alguno.

Y además sostuvo algo que la naturaleza humana podría entender: no había tenido mucho espacio para precisar sus fuentes.

En una revisión posterior el diario halló más notas con párrafos copiados, lo que pareció colmar el vaso. La política de este medio es conocida en cuanto a plagios: los periodistas son despedidos y los columnistas no vuelven a publicar.

Y esto fue precisamente lo que hicieron: “Está claro que el diario no publicará más artículos del cardenal”, concluyó la nota publicada en su versión online el viernes 14 de agosto.

Personaje controvertido

Para sus críticos, esto abrió la temporada de caza. Juan Luis Cipriani, de 71 años, es un personaje polémico debido al protagonismo político que mantiene en temas que él considera cercanos a la posición de la Iglesia católica.

En el último año fueron conocidas sus permanentes campañas en contra de la unión civil, que el Congreso no aprobó, a pesar de que los principales órganos del Estado se habían manifestado a favor.


Pese a las protestas en las calles de Lima, no avanzó en el Congreso una ley que haría legal el aborto en caso de violación. Muchos atribuyen esto al poder de la Iglesia católica en el país.

Y también en contra de la legalización del aborto por violación: Perú ocupa el tercer lugar en casos de violación sexual en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud.

Los legisladores que al final no aprobaron ninguna de las dos mociones justificaron sus votos apelando a la naturaleza católica del país, y que había que salvaguardar a la familia peruana.

Pero Cipriani, el primer miembro del Opus Dei en ser nombrado Cardenal en 2001, también ha hecho causa de otros temas.

Los medios de prensa locales reportaron extensamente en los años '90 cuando era obispo de Ayacucho, identificado como el lugar de nacimiento del grupo armado maoista Sendero Luminoso.

En esa época la revista de política nacional, Caretas, consiguió un famoso titular del hoy cuestionado líder religioso, quien se habría referido a la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos como “esa cojudez”. Algo que él repetidamente ha negado haber dicho.

En todo caso, el purpurado es conocido por sus vínculos con los principales grupos económicos del país, además de ser un sólido defensor del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), condenado a 25 años de prisión por cargos de homicidio calificado.

Hablan sus partidarios

Una de las dudas que se plantean en esta nación andina, de 30 millones de habitantes, es si la posición monolítica de su cardenal será resquebrajada en alguna medida.

Quizás una señal de las raíces profundamente religiosas y conservadoras de este país se vea en sus espacios públicos.

Si bien no existen cifras oficiales, se considera que en más de la mitad de plazas y parques donde existe una escultura, la representación suele ser la de un santo, una virgen o un papa (Juan Pablo II, el más repetido).

El cardenal Cipriani es considerado un personaje muy influyente en la vida política peruana.

No en vano, sus defensores han sido igualmente vociferantes.

Uno de ellos es la exeditora del mismo diario El Comercio, Martha Meier Miró Quesada, quien en febrero de este año fue separada de ese medio de comunicación bajo acusaciones de difamación.

Escribiendo en el portal El Montonero, Meier denuncia que Cipriani cayó en una trampa: “¿Existe una estrategia articulada entre un diario y quienes representan a la “cultura de la muerte”, como llamaba Juan Pablo II a los que, entre otras cosas, promueven el aborto y la legalización de las drogas? Todo indica que sí”.

¿Una ley flexible?

Al margen de consideraciones personales de uno u otro lado, lo cierto es que el plagio es un serio delito en el Perú.

El código penal lo castiga con penas no menores de cuatro años, ni mayores de ocho. Pero en el país, hasta ahora, no existe nadie preso por ese crimen.

Quizás un tema de fondo tiene que ver con el siempre cuestionado tema de la verdad.

Es sabido que la posición de Cipriani ha sido siempre esgrimir sus argumentos apelando a una verdad superior, la del cristianismo y la Iglesia católica.

Pero qué sucederá con esa reputación, cuando la evidencia deja en claro que este líder católico al parecer no ha respetado las reglas mínimas de la verdad informativa. Ahí una pregunta.

¿Se abre un nuevo capítulo?

Para sus defensores, es poco probable que esto tenga impacto mayor.

En todo caso, sostienen, lo que queda probado es que el cardenal es un fiel seguidor de su iglesia.

Pero en las primeras horas del martes 18, otro informe amenazó con agrietar la imperturbable posición de Cipriani: una nota del portal Lamula.pe hace una nueva denuncia de plagio.

Esta vez, no se trata de textos copiados de un Papa sino del libro ‘La Nueva Sensibilidad’ del filósofo español Alejandro Llano Cifuentes, y que Cipriani lo habría incluido como parte de su homilía de fiestas patrias en el 2009.

Es decir, esta vez se trata de un texto con propiedad intelectual.

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