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jueves, 11 de diciembre de 2014

El informe de ejecuciones y torturas que hizo llorar a la presidenta de Brasil

El informe de ejecuciones y torturas que hizo llorar a la presidenta de Brasil




Presidenta brasileña, Dilma Rousseff, emocionada al recibir el informe final de la Comisión de la Verdad.
La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, una exprisionera del régimen militar, se emocionó al recibir el informe de la Comisión de la Verdad.

La comisión oficial que indagó los abusos del régimen militar en Brasil (1964-1985) recomendó en su informe final juzgar a los agentes públicos que cometieron “graves violaciones de derechos humanos” en ese período, algo que hasta ahora el país ha evitado.
El documento de más de 3.000 páginas de la Comisión de la Verdad fue entregado este miércoles a la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, una expresa política que fue torturada en los años 70 y se emocionó hasta las lágrimas al recibir el texto.
Rousseff aseguró que el trabajo del grupo que ella misma creó dos años y siete meses atrás ayudará a Brasil a “reconciliarse consigo mismo”, pero negó que exista un afán de “revanchismo, odio o ajuste de cuentas”.
Una ley de amnistía de 1979 impidió hasta ahora juzgar a los responsables de muertes, desapariciones y torturas del régimen militar en Brasil. Esto supone una excepción regional que ha sido criticada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Sin embargo, la Comisión de la Verdad brasileña señaló a 377 responsables de esos crímenes y sugirió someter a juicio a aquellos que continúan vivos, casi 200 militares, policías y agentes públicos de la época.
Esto coloca a las autoridades brasileñas en la disyuntiva de seguir esas recomendaciones a riesgo de irritar a las Fuerzas Armadas, o mantener la situación jurídica vigente frustrando las expectativas de víctimas de abusos y sus familiares.

“Responsabilidad jurídica”

La Comisión de la Verdad brasileña elaboró su informe en base a documentos, testimonios de víctimas e incluso de funcionarios del régimen militar que aceptaron hablar.



Movimientos sociales protestan para reclamar que se juzguen abusos del régimen militar en Brasil.
Movimientos sociales continúan reclamando que se juzguen los abusos del régimen militar en Brasil.

Sin embargo, los propios integrantes del grupo han dicho que carecieron del apoyo de las Fuerzas Armadas para echar luz sobre ese capítulo oscuro de la historia brasileña.
La abogada Rosa Cardoso, uno de los siete miembros de la Comisión, dijo recientemente a BBC Mundo que hubo “falta de colaboración total” de los militares, algo que consideró previsible.
“Conocemos la mentalidad de nuestras Fuerzas Armadas, no tienen una mentalidad democrática”, afirmó.
El informe final señala 434 casos de personas asesinadas por el régimen, entre ellas 210 que siguen desaparecidas, pero admite que la cifra podría ser mayor.
Reclama el “reconocimiento de la responsabilidad institucional de las Fuerzas Armadas” por los atropellos cometidos, “como elemento esencial a la reconciliación nacional y para que esa historia no se repita”.
Además recomienda que los órganos competentes determinen la “responsabilidad jurídica —criminal, civil y administrativa— de los agentes públicos que dieron causa a las graves violaciones de derechos humanos en el período investigado”.

Tres categorías

Entre los 377 identificados como responsables de abusos figuran cinco expresidentes del régimen, listados en la categoría de “responsabilidad político institucional” junto a exministros y oficiales militares.



Pedro Dallari, presidente de la Comisión de la Verdad de Brasil, visita un antiguo centro de tortura del régimen militar en Río.
Los miembros de la Comisión de la Verdad visitaron antiguos centros de tortura del régimen militar brasileño, como este en Río.

En el nivel de “responsabilidad por la gestión de estructuras y procedimientos” figuran excomandantes de unidades militares, así como exjefes policiales y de institutos médicos legales que según la Comisión permitieron los abusos en dependencias del Estado, incluso sin haberlos cometido directamente.
Por último, en la categoría de “autoría directa de crímenes” aparecen militares y agentes que de acuerdo al informe cometieron asesinatos, desapariciones forzadas y torturas de opositores.
Del total de responsables mencionados, 196 permanecen vivos, con un promedio de edad de 82 años.
Hasta ahora 23 de ellos han sido denunciados en procesos que transcurren en la Justicia, pero ninguno fue condenado.
El argumento para reclamar que sean juzgados pese a la ley de amnistía es que esos crímenes son de lesa humanidad y por lo tanto escapan al alcance de esa norma, aprobada durante el propio régimen.
Beatriz Affonso, representante en Brasil del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil), afirmó que ahora “la presidenta de la República tiene que entregar el informe a las autoridades competentes” para que comiencen acciones judiciales.
“Existe una posibilidad más amplia de que las acciones puedan ser investigadas penalmente”, dijo Affonso a BBC Mundo. “Es una obligación”.
Rousseff, que fue presa durante el régimen por pertenecer a una organización guerrillera, ha afirmado en diferentes ocasiones que piensa respetar el contenido de la ley de amnistía como lo hicieron sus antecesores.

Herencia

La Comisión de la Verdad también señaló los efectos que las acciones del régimen militar tienen hasta hoy en Brasil, por ejemplo en materia de violencia policial.



Policía de choque movilizada durante una manifestación en Brasil.
La Comisión de la Verdad sugirió desmilitarizar la policía brasileña.

“La práctica de detenciones ilegales y arbitrarias, tortura, ejecuciones, desapariciones forzadas y hasta el ocultamiento de cadáveres no es extraña a la realidad brasileña contemporánea”, sostuvo.
Aunque advirtió que esos crímenes ya no ocurren en un contexto de represión política como antes, relacionó la situación actual con la falta de castigo de los abusos del régimen militar.
Entre las recomendaciones finales figura desmilitarizar la policía brasileña y crear órganos externos de contralor en el sistema carcelario.
También propone que los institutos médicos legales y de pericia criminal dejen de estar vinculados a las secretarías de seguridad pública.
Un informe de una organización no gubernamental presentado el mes pasado indicó que la policía brasileña mata en promedio seis personas por día y que entre 2009 y 2013 cobró más vidas que la policía de Estados Unidos a lo largo de tres décadas.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Los dos inexpertos psicólogos que idearon y pusieron en práctica las torturas de la CIA

Los dos inexpertos psicólogos que idearon y pusieron en práctica las torturas de la CIA



Guantánamo
Muchos detenidos fueron recluidos en la cárcel de Guantánamo, en Cuba.

Dos psicólogos contratados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para desarrollar técnicas de interrogatorio "reforzadas" carecían de la experiencia requerida, según un nuevo informe.
Los psicólogos no tenían experiencia en la lucha contra el terrorismo, pero recibieron más de US$80 millones por sus servicios.
La CIA también permitió que fueran estos dos hombres los que evaluaran la efectividad de su propio programa de interrogatorios.
Las revelaciones aparecen en el nuevo informe del Senado sobre los "brutales" interrogatorios a sospechosos de al-Qaeda en los años posteriores a los ataques del 11 de septiembre.
Los sospechosos fueron interrogados con métodos como el waterboarding(ahogamiento simulado), bofetadas, humillaciones, exposición al frío extremo y privación del sueño.
Estos procedimientos fueron desarrollados, gestionados y evaluados por dos contratistas psicólogos que habían trabajado en la escuela del programa Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
Pero el informe dice que "ninguno de los dos psicólogos tenía experiencia dirigiendo interrogatorios, ni tampoco conocimiento específico sobre al-Qaeda, experiencia en la lucha contra el terrorismo, o conocimientos culturales o lingüísticos relevantes".
A pesar de ello, ambos hombres participaron personalmente en los interrogatorios de algunos de los detenidos "más importantes" de la CIA.
También fueron los encargados de determinar si el estado psicológico de un detenido permitía seguir utilizando las técnicas reforzadas de interrogatorio, dice el informe.
Los dos hombres también sirvieron de enlace entre la CIA y los servicios de inteligencia extranjeros, y la agencia les permitió evaluar la efectividad de su propio trabajo, un trabajo que los demócratas del comité de inteligencia del Senado consideraron brutal e ineficaz.

El papel del FBI

Aunque en el informe aparecen con los pseudónimos de Dr. Grayson Swigert y Dr. Hammon Dunbar, los medios estadounidenses los han identificado como los militares retirados Jim Mitchell y Bruce Jessen.
Mitchell se unió a la Fuerza Aérea en 1974 y se especializó en desactivar bombas antes de doctorarse en psicología centrándose en temas de dieta, ejercicio e hipertensión, según The New York Times.
Jessen, mientras tanto, se doctoró en "formación familiar" y se convirtió luego en psicólogo de la Escuela de Supervivencia de la Fuerza Aérea, donde se encargaba de evaluar a los profesores que se hacían pasar por interrogadores del enemigo.


CIA
Los dos psicólogos sirvieron de enlace entre la CIA y los servicios de inteligencia extranjeros.

Ambos hombres, que se dijo eran tenientes coroneles, se convirtieron en expertos del departamento de Defensa en resistencia a interrogatorios del enemigo, aunque otros psicólogos manifestaron su escepticismo e incluso su preocupación sobre los métodos que utilizaban, añade The New York Times.
Tras los ataques del 11 de septiembre, el informe del Senado dice que Mitchell propuso utilizar un concepto llamado "indefensión aprendida" en los interrogatorios a sospechosos de pertenecer a al Qaeda, para asegurarse de que se obtenían los objetivos esperados.
En aquel momento, los interrogadores experimentados mantenían que esta estrategia desmoralizaría a los prisioneros hasta tal punto que acabarían diciendo lo que el interrogador quería.
En 2002, ambos hombres recibieron el encargo de evaluar un manual interceptado a al Qaeda con el que se entrenaba a terroristas en resistencia a interrogatorios.
Como respuesta, los hombres propusieron introducir técnicas brutales, incluida la privación del sueño y el ahogamiento simulado, en los procedimientos estadounidenses.
Cuando Estados Unidos capturó a Abu Zubaydah, un objetivo muy importante, dos agentes del FBI (Agencia Federal de Investigaciones) utilizaron métodos convencionales para interrogarle en instalaciones de la CIA en Tailandia.
Luego la CIA, bajo el consejo de Mitchell, desnudó al sospechoso y le hizo soportar música a todo volumen para evitar que pudiera dormir.
Se informa que en las semanas siguientes, Mitchell tomó control de los interrogatorios e interrogó directamente al sospechoso.


Guantánamo
Los demócratas del Senado calificaron las técnicas de interrogatorio a prisioneros de "brutales".

Jessen se unió posteriormente, y el prisionero fue sometido al waterboarding, o ahogamiento simulado, 83 veces antes de que se determinase que no tenía más información que ofrecer.
Según el informe del Senado, un cable que se dijo fue elaborado por ambos hombres indicó que el interrogatorio de Zubaydah había sido un éxito.
Éste "debe ser utilizado como modelo para futuros interrogatorios de prisioneros muy valiosos" -escribieron- no porque produjera información útil, sino porque confirmó que el sospechoso no poseía la información de inteligencia que la CIA creía que éste retenía.
Mientras, los agentes del FBI que participaron en los interrogatorios manifestaron sus objeciones a la estrategia. Un agente especial informó a la sede de la CIA que ambos psicólogos habían adquirido una "enorme influencia".
El FBI también sostuvo que toda la información útil del sospechoso había sido obtenida en los interrogatorios llevados a cabo por ellos.

Nueva empresa

Los métodos de los psicólogos se utilizaron al menos dos decenas de veces más, incluido el interrogatorio de 2003 a Khalid Sheikh Mohammed.
Según el informe del Senado, los dos hombres evaluaron al sospechoso, que fue sometido a ahogamientos simulados más de 100 veces, y su única recomendación fue que deberían interrogarle cada mes, cobrando cuatro veces más que los otros interrogadores.
Esto causó preocupación en el gobierno por un posible conflicto de intereses, según el informe.
Esto "se vio de la forma más evidente en un contexto en el que los mismos individuos aplicaban una técnica (de interrogatorios reforzados) que solo ellos habían aprobado utilizar y juzgado tanto su efectividad como la resistencia de los detenidos, e implícitamente propusieron un uso continuado de la técnica, con un sueldo que alcanzó, según informaciones, los US$1.800 al día".


Leon Pannetta
Leon Panneta desmanteló las cárceles secretas y prometió que los contratistas no volverían a dirigir los interrogatorios.

En 2005, los psicólogos crearon Mitchell Jessen y Asociados, con oficinas en el estado de Washington y Virginia.
Para 2007, la empresa ya contaban con casi 60 empleados y estaba ganando millones por contratos de la CIA después de que la agencia subcontrataba casi todas sus operaciones de interrogatorios.
Pero en 2009 Leon Panneta, entonces director de la CIA en la administración de Barack Obama, desmanteló las cárceles secretas, prometió que los contratistas no volverían a dirigir los interrogatorios y terminó con esa relación.
Para entonces, Jessen y Mitchell ya habían recibido casi la mitad del pago de su contrato con la CIA, de US$180 millones.
Esto ocurrió después de que la CIA ya había aceptado pagar un contrato de indemnización de US$5 millones que cubría, entre otras cosas, procesamientos criminales.
En 2007, Mitchell Jessen y Asociados contrató a un despacho de abogados y facturó más de US$1 millón a la CIA en gastos legales hasta 2012.
Según el actual contrato de la empresa con la CIA, la agencia está obligada a pagar gastos legales hasta 2021.