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sábado, 11 de agosto de 2018

12 Sectas en los Inicios del Cristianismo - Parte 1



Como dice un viejo dicho, no hay nada nuevo bajo el sol; las mismas cosas que aparecen el día de hoy como novedosas, no son más que copias de sectas antiguas. Veamos las sectas de la antigüedad y comparemos con las de la actualidad, esto nos permitirá entender lo que creemos.

En esta serie veremos 12 sectas que trajeron falsa doctrina en los inicios del cristianismo, no son todas pero si las que trajeron mayores problemas a la iglesia que recién empezaba.


1. Docetismo (70 – 170 DC)

Esta es una herejía gnóstico que aparece durante el primer siglo del cristianismo que Juan combatió en su primera epístola.

La herejía docética toma este nombre de la raíz griega dokéō, que significa“parecer o parecerle a uno”.

Según esta creencia, Jesús no era humano porque no tenía un cuerpo humano. Su humanidad era una ilusión porque Jesús era sólo divino.

Afirmaban que Cristo no sufrió la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real. Incluso el filósofo gnóstico Basílides para poder explicar el traslado de la cruz, afirmaba que fue Simón de Cirene y no Cristo quien la cargó.

El docetismo fue un error con muchas variaciones acerca de la naturaleza de Cristo. Generalmente, éste enseñaba que Jesús sólo parecía tener un cuerpo y que no era realmente encarnado.

Este error veía a la materia como intrínsecamente maligna, que Dios no podía estar asociado con la materia y de que Dios, siendo perfecto e infinito, no podía sufrir. Por lo tanto, Dios por ser la Palabra, no podía haber venido en carne de acuerdo a Juan 1:1,14: “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios…Y la Palabra se convirtió en carne y habitó entre nosotros…”

Esta negación de la verdadera encarnación significaba que Jesús en realidad no sufrió en la cruz y por lo tanto no se levantó de los muertos.

Es esta idea la que el apóstol Juan quiere desestimar cuando escribe: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida” (1 Juan 1:1).

Esta herejía tiene su raíz en la influencia platónica, que afirma que las ideas son las únicas realidades y que nuestro mundo es sólo un reflejo, una imagen; además, se nutría de la idea, hasta cierto punto generalizada en aquella época, de que la materia era corrupta, como enseñaban los griegos: "el cuerpo es la cárcel del espíritu".

La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo al cuerpo todo lo temporal, ilusorio y corrupto y al espíritu todo lo eterno, real y perfecto; por ese motivo es que sostenían que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como una apariencia.

El Islam también conserva este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión.

El principio básico del Docetismo fue refutado por el Apóstol Juan en 1 Juan 4:2-3: “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.”

En 2 Juan 7 también refuta esta doctrina: “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo.”

Ignacio de Antioquia escribe a la iglesia de Esmirna que Jesucristo "es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en Él toda justicia, verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilato y Herodes el Tetrarca (del cual somos fruto, esto es, su más bienaventurada pasión); para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles, tanto si son judíos como gentiles, en el cuerpo único de su Iglesia. Porque Él sufrió todas estas cosas por nosotros [para que pudiéramos ser salvos]; y sufrió verdaderamente, del mismo modo que resucitó verdaderamente; no como algunos que no son creyentes dicen que sufrió en apariencia, y que ellos mismos son mera apariencia. Y según sus opiniones así les sucederá, porque son sin cuerpo y como los demonios".

El Docetismo fue finalmente condenado en el Concilio de Calcedonia en 451.


2. Ebionismo (70 – 325 DC)

Esta es otra secta gnóstica que decía que Jesús fue un hombre que recibió el Espíritu de Dios cuando se fue bautizado por Juan en el rió Jordán. Entonces el Espíritu de Dios puso en él poder de lo alto para hacer la obra mesiánica. Jesús fue un hombre con un espíritu dotado.

Su nombre se deriva del término hebreo ebion, que significa "pobre".

Esta corriente del cristianismo primitivo es el nombre con el que eran conocidas algunas comunidades cristianas primitivas que se mantenían fieles a la Ley mosaica, cumpliendo preceptos judíos tales como la circuncisión, el sábado, las prohibiciones alimenticias, entre otras.

También tenían una cristología incorrecta afirmaban que Jesús era el Mesías ("Cristo"), pero rechazaban su preexistencia, que tuviera naturaleza divina y también rechazaban su nacimiento virginal.

Consideraban sagrados los libros del Tanaj (Antiguo Testamento) y un Evangelio escrito en Hebreo, que era considerado como el verdadero Evangelio de Mateo (porque no era exactamente igual al Evangelio según Mateo en Griego), al que llamaban "Evangelio según los Hebreos".

Rechazaban tajántemente los escritos del apóstol Pablo, porque lo consideraban un apóstata de la Ley.

En el año 140 DC., Justino Mártir describe una secta alejada de la iglesia que observa la Ley de Moisés, y que la sostienen como obligación universal.

En el 180 DC., Ireneo de Lyon fue el primero en usar el término "Ebionitas" para describir esta secta herética y judaizante, que calificaba como tercamente aferrados a la ley.

En esta secta vemos ideas de muchas sectas actuales, el hecho de que Jesús era un hombre y no Dios, pero por su bautismo con Juan fue dotado para su obra mesiánica me recuerda a los Pare de Sufrir, y a los Testigos de Jehová, su terco aferramiento a la ley me recuerda a los adventistas y otras sectas.


3. Monarquismo Dinámico (II siglo)

Esta falsa doctrina decía que Jesús en su naturaleza no era Dios; afirmaban que Dios existió en Jesús como existe en nosotros; es decir,  Jesús era un ser inferior y subordinado a Dios; un ser humano que llegó a ser el Hijo de Dios a causa de la sabiduría divina o el Logos que habitaba en El.

El Monarquismo Dinámico o Dinamista, fue sucesor del ebionismo, que afirmaba que Jesús era el judío elegido como Mesías por Dios, y por los alogos o alogi, que habían rechazado tanto la doctrina sobre el LOGOS como la doctrina del Espíritu Santo, no dejando así aparentemente lugar alguno para una diferenciación en Dios, es decir eran antitrinitarios.

Según el monarquianismo dinámico, existía en el ser humano llamado Jesús una fuerza impersonal (dunamis) que provenía de Dios. Este poder no constituía una diferenciación personal entre Dios y el ser humano Jesús, sino que se trataba de la presencia impersonal del Único Dios.

Teodoto, el curtidor de Bizancio que se traslado a Roma y fue excomulgado allí por el 195 DC., hizo hincapié en la naturaleza y vida humana de Jesús, así como los relatos de los sinópticos.

Enseñó que Jesús fue dotado en su bautismo de un poder sobrenatural. Aceptaba el nacimiento milagroso y la resurrección de Jesús, pero rehusaba aplicarle el titulo de Dios.

Artemon de Roma reconocía el nacimiento sobrenatural, la superior virtud, la falta de pecado y la dignidad única de Jesús, pero llego a la conclusión de que era un ser humano y no Dios.

El monarquianismo dinámico llego a su mayor expresión con Pablo de Samosata, el obispo de Antioquia cuyas enseñanzas fueron condenadas por un sínodo en Antioquia en 269.

Sostenía la unipersonalidad de Dios y negaba la existencia de una hupostasis del logos o de la sabiduría de Dios. El logos, el Hijo y el Espíritu eran entendidos como atributos de Dios.

Al decir esto, Jesús no era Dios sino un mero hombre, en el cual el logos, una Dunamis (Fuerza) impersonal proyectada por Dios desde la eternidad, tomó morada en Jesús y creció en el transcurso de su desarrollo hasta que finalmente por su medio obtuvo cierto grado de divinidad. Sin embargo, la única unión existente entre Jesús y Dios era moral

miércoles, 10 de junio de 2015

El gnosticismo: trasfondo doctrinal de 1 Juan

El gnosticismo: trasfondo doctrinal de 1 Juan


El alarmante crecimiento de las sectas en América Latina no es algo nuevo. Mucho del Nuevo Testamento está escrito precisamente para contender con herejías. Es así a través de la historia de la iglesia cristiana. Los credos que antes citaban en los cultos de nuestras iglesias fueron elaborados para resolver controversias doctrinales. 

El gnosticismo es la herejía más perjudicial de los primeros tres siglos de la era cristiana, y en América Latina actualmente está resucitando con otros nombres. Es importante recordar que los gnósticos pretendían ser cristianos; esta secta comenzó dentro de la iglesia.

El fundamento de esta doctrina errónea es el siguiente: La materia física es algo maligno mientras el espíritu es eternamente puro y bueno. El cuerpo humano, siendo materia, es malo. 

El espíritu humano según ellos es eternamente bueno y no puede ser afectado por lo que uno hace en el cuerpo. La resultante doctrina de la salvación es saber cómo librar al espíritu del cuerpo. La manera gnóstica de lograr salvación es por medio de un conocimiento especial (griego: gnostik,«conocimiento»). Según ellos uno alcanza la salvación por medio de un autoconocimiento («una nueva luz») y no por conocer a Cristo Jesús como Salvador. 

A su vez la excelencia espiritual no consiste en vivir una vida santa sino en poseer un conocimiento superior. Este conocimiento, argumentan los gnósticos, se les revela el Cristo, mensajero del Dios verdadero, en forma directa. Cristo, según ellos, no es tanto un Salvador sino un revelador que vino para propagar la gnosis secreta a los privilegiados.



Esta «nueva» enseñanza de los gnósticos está por encima de la Escritura. Es imprescindible adquirir la nueva luz aunque uno viole los mandamientos de la Escritura o entre en pecado y tinieblas para lograrlo. Para ellos el fin justifica los medios. 

Como en toda doctrina errónea, ésta ofrece una vía corta o mística para la vida cristiana que no incluye la sencilla obediencia a la Palabra de Dios. Por su puesto, socava la doctrina bíblica de la redención.

La clara enseñanza de Juan que Dios es luz, que no hay ningunas tinieblas en Él (1:5) y que quienes andan en tinieblas no practican la verdad (1:6), contradecía la doctrina de los gnósticos y resultaba ser un bálsamo para el alma de los fieles.

Las dos influencias principales que dieron forma a esta doctrina fueron:

1) Los docetistas, que negaron la humanidad de Cristo. Una vez más vemos que el error principal de los sectarios tiene que ver con la persona de Cristo y la doctrina de la salvación. 

Los docetistas alegaban que Cristo sólo parecía tener un cuerpo humano, pero que la realidad era otra. Dicho de otra manera, los docetistas afirmaban que Dios durante su encarnación se había disfrazado como humano temporalmente. 

Llegaron al extremo de decir que cuando Cristo caminaba no dejaba huellas. El apóstol Juan refuta a sus oponentes con las palabras de 1 Juan 1:1, «Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos [énfasis agregado] tocante al Verbo de vida.»

2) Los cerintios, que negaron la unidad de las dos naturalezas de Cristo, la divina y la humana. Ésta es la más conocida rama del gnosticismo, y mantenía que el Cristo divino se juntó con el Jesús humano durante el bautismo y lo dejó antes de su muerte. 

Para resolver un problema creado por su propia doctrina (alegaban que el cuerpo de Jesús también estaba lleno de maldad), decían que el Cristo divino purificó el cuerpo de Cristo mientras vivía en él.


Consecuencias en la vida de la iglesia

Consideremos ahora estas doctrinas malignas y apliquémoslas a la vida cristiana para ver sus consecuencias.

Un error doctrinal no solamente deja su impacto inmediato sino además lo que llamo una «herencia» para las generaciones venideras. Tal es el caso del gnosticismo. 

En primer lugar, debido a que pocos realmente pudieron entender (o adquirir) el conocimiento especial para librar el espíritu del cuerpo, aparecieron dos niveles de personas en la iglesia: los «espirituales» (que pudieron librar el espíritu del cuerpo malo) y los «no espirituales» (que nunca encontraron la luz mística y especial requerida para librar su espíritu del cuerpo). 

El primer grupo llegó a la conclusión de que estaba bien no amar, menospreciar y hasta odiar al segundo grupo porque de todas maneras no eran «espirituales». 

A través del tiempo esta herejía ha adquirido otros nombres, y toma nueva vida cuando en una congregación alguien afirma haber recibido una nueva luz o unción, un conocimiento especial, una nueva enseñanza que los demás no tienen. Juan combate este error con las siguientes palabras: «Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él» (1 Juan 2:27). «Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?» (1 Juan 4:20).

La segunda consecuencia, igualmente devastadora, es culpar al cuerpo físico de sus propios pecados desenfrenados, como la inmoralidad. Los gnósticos razonaban diciendo que el espíritu —siendo eternamente bueno— no podría ser manchado por lo que el cuerpo —siendo eternamente malo— hiciera. ¿Qué se podía esperar de algo tan malo? Estaban resignados a aceptar que no existía manera de renovar la carne y que de todas maneras sus pecados no podían afectar al espíritu. Esta doctrina les permitió vivir como querían.

El correcto entendimiento de 1 Juan 1:9–10 contradice esta doctrina y destruye cualquier otro argumento que disculpe el pecado. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.»

Basándose en la misma doctrina junto con nuevas «revelaciones y luz», tiempo después varios grupos empezaron a interesarse en el tema de Satanás. Su razonamiento era que para derrotar a Satanás y experimentar la gracia de Dios era necesario conocer los «secretos» de Satanás y experimentar la maldad. «Pero a vosotros y a los demás que están en Tiapira, a cuantos no tienen esa doctrina [la doctrina de la profetisa Jezabel del versículo 20], y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga» (Apocalipsis 2:24).

Paradójicamente, otra consecuencia del gnosticismo fue el ascetismo. Que es vivir una vida dedicada a una rigurosa autodisciplina —por ejemplo el celibato, el ayuno y el duro trato del cuerpo— pensando que de esa manera uno puede agradar a Dios y librarse del pecado. Los gnósticos acetas más bien se hallan refutados en las enseñanzas del libro de Colosenses: 

«Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne» 
(Colosenses 2:20–23)

Como en el caso de todas las sectas, la manera de discernir y refutar es un correcto y cuidadoso estudio de la Palabra de Dios.


lunes, 8 de junio de 2015

Los Docetistas y el Debate acerca de 1 Juan 1:9


Hoy en día nos encontramos con diversos debates acerca de 1 Juan 1:9; para poder entender bien este versículo debemos entender a quien fue enviada la carta y que problema se quiso corregir.

Para ayudar a entender este versículo, y sin entrar en detalle en cuanto a posiciones, veamos la secta del primer siglo de los docetistas, a los cuales Juan corrigió en su primera epístola.

1. Docetismo (70 – 170 DC)

Esta es una herejía gnóstico que aparece durante el primer siglo del cristianismo que Juan combatió en su primera epístola.

Dentro de sus creencias tenían dos herejías muy graves; decían que Jesucristo no había venido en carne y que no había pecado.

Por eso en 1 Juan 1 vemos como el apóstol trata con esos 2 errores.

1 Juan 1:1-10
1  Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida
2 (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó);
3 lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.
4 Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.
5 Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
6 Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;
7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. 

Vemos en los primeros versículos que trata con la herejía de que Jesucristo no había venido en carne y en los siguientes de su herejía en cuanto a que no había pecado.

Pero veamos lo que es el docetismo para entender esto más claramente.

La herejía docética toma este nombre de la raíz griega dokéō, que significa “parecer o parecerle a uno”.

Según esta creencia, Jesús no era humano porque no tenía un cuerpo humano. Su humanidad era una ilusión porque Jesús era sólo divino.

Afirmaban que Cristo no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real. Incluso el filósofo gnóstico Basílides para poder explicar el traslado de la cruz, afirmaba que fue Simón de Cirene y no Cristo quien la cargó.

El docetismo fue un error con muchas variaciones acerca de la naturaleza de Cristo. Generalmente, éste enseñaba que Jesús sólo parecía tener un cuerpo y que no era realmente encarnado.

Este error veía a la materia como intrínsecamente maligna, que Dios no podía estar asociado con la materia y de que Dios, siendo perfecto e infinito, no podía sufrir. Por lo tanto, Dios por ser la Palabra, no podía haber venido en carne de acuerdo a Juan 1:1, 14: “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios…Y la Palabra se convirtió en carne y habitó entre nosotros…”

Esta negación de la verdadera encarnación significaba que Jesús en realidad no sufrió en la cruz y por lo tanto no se levantó de los muertos.

Es esta idea la que el apóstol Juan quiere desestimar cuando escribe: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida” (1 Juan 1:1).

Esta herejía tiene su raíz en la influencia platónica, que afirma que las ideas son las únicas realidades y que nuestro mundo es sólo un reflejo, una imagen; además, se nutría de la idea, hasta cierto punto generalizada en aquella época, de que la materia era corrupta, como enseñaban los griegos: "El cuerpo es la cárcel del espíritu".

La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo al cuerpo todo lo temporal, ilusorio y corrupto y al espíritu todo lo eterno, real y perfecto; por ese motivo es que sostenían que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como una apariencia.

El Islam también conserva este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión.

El principio básico del Docetismo fue refutado por el Apóstol Juan en 1 Juan 4:2-3: “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.”

En 2 Juan 7 también refuta esta doctrina: “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo.”

Ignacio de Antioquia escribe a la iglesia de Esmirna que Jesucristo "es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en Él toda justicia, verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilato y Herodes el Tetrarca (del cual somos fruto, esto es, su más bienaventurada pasión); para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles, tanto si son judíos como gentiles, en el cuerpo único de su Iglesia. Porque Él sufrió todas estas cosas por nosotros [para que pudiéramos ser salvos]; y sufrió verdaderamente, del mismo modo que resucitó verdaderamente; no como algunos que no son creyentes dicen que sufrió en apariencia, y que ellos mismos son mera apariencia. Y según sus opiniones así les sucederá, porque son sin cuerpo y como los demonios".


El Docetismo fue finalmente condenado en el Concilio de Calcedonia en 451.

Espero que esto les ayude a tomar una posición en cuanto a 1 Juan 1:9.